Una vez fui a visitar a una musa a la que le tenía echado el ojo hace tiempo. Eso fue hace más de un año.
Al llegar al depto, noté inmediatamente un olor extraño. Mi sorpresa fue enorme cuando vi un gato en pañales arrastrándose por el piso sin las dos patas traseras.
La chica me dijo: “se llama Oscar, ¿no te molesta que esté en la pieza?”. Y la verdad, no tuve el valor para decirle “Si, me incómoda”.
Mi concentración y lívido se fue a la mierda. La cosa es que, en pleno delicioso, cuando estaba a punto de acabar, ella se detuvo y me dijo “disculpa, pero tengo que cambiarle los pañales a Oscar”.
Estuve como tres meses teniendo pesadillas con ese gato.