Heredia
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Llevo un par de meses observando por las redes a una mujer que debe tener entre 25 a 30 años. No sé su edad real ni tampoco su nombre. Peor aún, vive tan lejos que me resulta imposible conocerla. Me apareció un día cualquiera, como un video-recomendación. A ella le gusta la danza y lo hace muy bien. Podría hasta asegurar que vive de eso o al menos recibió clases profesionales. Cada vez que puedo me repaso sus videos, cada vez que puedo me quedo pegado mirando su rostro. Hace pocos días me metí a un foro para saber más de ella e hicieron hincapié de que «estaba gordita». Claro, cuando una mujer tiene un poco más de caderas comienzan con esa tontería. Tampoco los culpo, cada cual con sus estilos de cuerpo. Para mí, de pies a cabeza, ella es perfecta. Y no es metafórico: me encanta su cabello y pies. Además, dormiría abrazado a sus caderas sin problema.
Algunos dicen que lo que siento podría ser amor platónico, pero yo creo que solo soy un fan estúpido. Estúpido porque sé que ella tiene un Patreon, un servicio muy parecido a OnlyFans donde se da dinero a cambio de fotos y videos. Si pudiera hacerlo me suscribo mensualmente para que al menos algo de mí pueda estar con ella, para que al menos algo de mí pueda retribuir esos minutos que me hace feliz. ¿A ella le gusta bailar? Sí, pero también nos pide algo a cambio porque nadie se expone cada semana por nada. En resumen, quisiera cumplir con ese compromiso invisible y decirle que es el ser más bello de la evolución femenina.
Una noche, en esas tonteras pendejas que uno suele hacer, me forcé soñar con ella. Busqué una foto y la puse en mi celular. Me quedé largos minutos mirándola. Amo su rostro: ojos grandes, labios delgados y nariz pequeña. ¡Por Dios! Amo el contorno de su mandíbula, se la besaría de oreja a oreja hasta cansarme… Para mi buena suerte la idea resultó. En mi sueño yo había viajado a su país y estábamos viviendo en el mismo departamento. Como no hablamos el mismo idioma usábamos el celular para traducirnos y otras veces nos comunicábamos con morisquetas o en inglés. Ella siempre se reía porque resultaba cómico que dos personas que se aman se tratasen de comunicar así casi todo el día. Me gustaba estar con ella porque me enseñaba su cultura y yo le enseñaba la mía. Recuerdo que le había llevado un sombrero de huasa y ella posaba para mí. Dios, era lo más hermoso que había visto en mi vida. La mujer que había visto miles de veces ahora se ponía un estúpido sombrero que yo le regalé. No era un vestido ni zapatos caros. No, era un sombrero que a ella le gustó caleta. Entonces salíamos a comer. La gente nos miraba en la calle, pero a mí no me daba vergüenza. Nos tomábamos de la mano y nos metíamos por callejuelas de la ciudad. Me mostraba lugares de comida, parques y otras tiendas. Y lo mejor de todo: me sonreía, siempre me sonreía. Tenía lo que siempre había querido. Esos labios rojos estaban enlazados a mis ojos.
Después de casi un día entero por las calles volvíamos al departamento. Yo la cuidaba: le hacía masajes. Me había puesto como meta aprender masajes y lo había cumplido. A ella le gustaba mi onda latina: masajes y nuestros bailes. Entonces nos poníamos a bailar. Ella aprendía rápido. Los masajes y el baile nos llevaron a la cama. En la soledad de la habitación hacíamos de todo. Si ella sabía bailar para qué describir todas las posibilidades. Finalmente todo se reconvertía: ella era mi fan y había puesto mi foto en su celular. Yo le dije que en mi país había hecho lo mismo.
Foto con foto, fan con fan y nos amamos hasta la eternidad.
Algunos dicen que lo que siento podría ser amor platónico, pero yo creo que solo soy un fan estúpido. Estúpido porque sé que ella tiene un Patreon, un servicio muy parecido a OnlyFans donde se da dinero a cambio de fotos y videos. Si pudiera hacerlo me suscribo mensualmente para que al menos algo de mí pueda estar con ella, para que al menos algo de mí pueda retribuir esos minutos que me hace feliz. ¿A ella le gusta bailar? Sí, pero también nos pide algo a cambio porque nadie se expone cada semana por nada. En resumen, quisiera cumplir con ese compromiso invisible y decirle que es el ser más bello de la evolución femenina.
Una noche, en esas tonteras pendejas que uno suele hacer, me forcé soñar con ella. Busqué una foto y la puse en mi celular. Me quedé largos minutos mirándola. Amo su rostro: ojos grandes, labios delgados y nariz pequeña. ¡Por Dios! Amo el contorno de su mandíbula, se la besaría de oreja a oreja hasta cansarme… Para mi buena suerte la idea resultó. En mi sueño yo había viajado a su país y estábamos viviendo en el mismo departamento. Como no hablamos el mismo idioma usábamos el celular para traducirnos y otras veces nos comunicábamos con morisquetas o en inglés. Ella siempre se reía porque resultaba cómico que dos personas que se aman se tratasen de comunicar así casi todo el día. Me gustaba estar con ella porque me enseñaba su cultura y yo le enseñaba la mía. Recuerdo que le había llevado un sombrero de huasa y ella posaba para mí. Dios, era lo más hermoso que había visto en mi vida. La mujer que había visto miles de veces ahora se ponía un estúpido sombrero que yo le regalé. No era un vestido ni zapatos caros. No, era un sombrero que a ella le gustó caleta. Entonces salíamos a comer. La gente nos miraba en la calle, pero a mí no me daba vergüenza. Nos tomábamos de la mano y nos metíamos por callejuelas de la ciudad. Me mostraba lugares de comida, parques y otras tiendas. Y lo mejor de todo: me sonreía, siempre me sonreía. Tenía lo que siempre había querido. Esos labios rojos estaban enlazados a mis ojos.
Después de casi un día entero por las calles volvíamos al departamento. Yo la cuidaba: le hacía masajes. Me había puesto como meta aprender masajes y lo había cumplido. A ella le gustaba mi onda latina: masajes y nuestros bailes. Entonces nos poníamos a bailar. Ella aprendía rápido. Los masajes y el baile nos llevaron a la cama. En la soledad de la habitación hacíamos de todo. Si ella sabía bailar para qué describir todas las posibilidades. Finalmente todo se reconvertía: ella era mi fan y había puesto mi foto en su celular. Yo le dije que en mi país había hecho lo mismo.
Foto con foto, fan con fan y nos amamos hasta la eternidad.