elquetelo
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Hace doce años, mi vida empezó a cambiar.
Era joven, con ambición y ganas de crecer. Los negocios iban bien, y eso significaba viajar constantemente fuera de Chile.
Un día, me tocó ir a Ámsterdam por una semana. Terminaba de trabajar temprano, a las cuatro de la tarde, y me alojaba a solo una estación de Ámsterdam Central. La meca de la prostitucion en amsterdsm
Mis jefes, que ya conocían la ciudad, me dieron un "tour" por el Barrio Rojo. Me voló la cabeza. Mujeres espectaculares en cada vitrina. Una escena sacada de película.
Pero, para ser sincero, en ese momento no me llamó la atención.
Las drogas, en cambio, sí.
Los primeros tres días los pasé completamente perdido en ellas (las drogas) explorando otro tipo de experiencias.
Al cuarto día, con un par de tragos encima, me picó el bichito de la curiosidad. Fui al Barrio Rojo decidido a probar. Recorrí cada calle, cada esquina, pero no me atreví a coronar.
El quinto día tuve cena de trabajo, así que tampoco pude ir.
Y así llegó el sexto y último día. Si no lo hacía ahora, no lo haría nunca.
Elegí a la mujer que más me gustó: una rubia espectacular, con un aire a Briana Banks, una actriz de películas para adultos de la época.
Pero mi primera experiencia fue una decepción.
Fría. Apurada. Ni siquiera hablaba inglésla chica. Solo quería terminar rápido.
Esa noche supe que pagar por sexo no era para mí.
En marzo de 2013 regresé a Chile.
Para entonces, mi vida iba en ascenso. Me habia casado, mi negocio prosperaba y el dinero no era problema.
Me compré mi primer deportivo. Nos fuimos a un departamento gigante. Le regalé un BMW a mi esposa.
Todo parecía perfecto.
Pero con los años y el dinero, mi esposa cambió.
A medida que tenía más lujos, se convirtió en una de esas mujeres cuicas que tanto me apestaban.
Mientras yo trabajaba, ella gastaba.
Le compre la casa que queria donde queria ...
Mientras yo quería estabilidad, ella quería más y más.
Para el 2014, mi rutina era viajar constantemente. En enero me tocó otro viaje largo. Volví a fines de abril.
Las cosas en casa no iban bien.
Un amigo me sugirió "relajarme" un poco y me pasó una página web y que revisara las chicas.
Curioso, entré.
Elegí la que me gusto y Llamé. Agendé.
Fui sin expectativas, sin saber qué esperar.
Abrieron la puerta.
No vi a nadie.
Una voz suave me dijo: Entra
Quizás ella no lo recuerda
Pero yo sí.
Nos quedamos en silencio. Solo mirándonos.
Y poco a poco, sin decir una palabra, nos empezamos a tocar, con suavidad, con calma.
Sus labios, los más suaves que había sentido en mi vida, se rozaban con los míos.
Era mi segunda vez pagando. Y fue completamente diferente a la primera.
La chica era espectacular.
Atenta. Cercana. Real.
Y, sin darme cuenta, empecé a volver.
Nunca necesité pagar para estar con mujeres.
Siempre e tenido buena pinta, carisma. Siempre supe hacer reír. Y ustedes saben que entre risa y risa… cae la longaniza
Pero con ella era distinto.
yo viajaba hasta cuatro veces al año, y cada vez que regresaba a Chile, la buscaba a ella. Teniendo la posibilidad de probar en el extranjero.
Quizás era miedo a lo desconocido.
Quizás me sentía cómodo con lo familiar.
Y seguía eligiéndola, una y otra vez.
Mientras tanto, en casa, mi esposa seguía cambiando.
Le hice otra cirugía. Más pechos, más curvas.
Se veía espectacular. Y lo sabía.
Se volvió más superficial. Más fría.
Más inalcanzable.
Más cuica.
Y eso me mataba.
Así que, sin pensarlo demasiado, volví a donde ella.
La misma chica.
La misma sonrisa.
La misma sensación de tranquilidad.
Con los años, creamos una especie de amistad.
A tal punto que, cuando necesitó cambiarse de lugar, le recomendé mi edificio. Nunca con segundas intenciones.
Pero terminó trabajando en el mismo edificio que yo.
Y todo se hizo más fácil.
Aburrido, bajaba a verla.
A veces, solo para conversar.
Otras, para perderme en su piel.
Hasta que me ofrecieron quedarme fuera del país por trabajo. Menos viajes a Chile. Más estabilidad.
Pensé en mudarme con mi esposa. Pero llegó la pandemia y arruinó todos los planes.
Me tocó regresar a Chile.
Regresé con dinero, con un nuevo auto para mi esposa el mercedes de sus sueños
Y fue el peor error.
Porque ahí sí que se volvió loca.
Gastaba sin control.
Vivía para aparentar.
Empezo la pandemia
Y yo, sin darme cuenta, empecé a ir más seguido a ver a la chica
Primero una vez a la semana.
Después dos.
Luego, tres o cuatro.
Ya no era solo el sexo.
Ya eran las charlas, los besos que se sentían de verdad.
Cada dia me gustaba mas
Yo pensaba en ella todo el día. Me lo cuestioné muchas veces. Pero muchas.
Un día, todo cambió.
El ambiente, la música, el clima… nosotros.
Me sinceré.
**"Te quiero para mí."**
Ella me miró y respondió: **"Quiero que esto pase más seguido."**
Se me paró el corazón. Sonará cursi, pero sentí un nudo en la guata.
Sí. Me enamoré.
Amaba momentos en los que el mundo desaparecía y solo quedábamos nosotros.
Mi esposa sospechó.
Unas conversaciones. Un descuido.
Todo se vino abajo.
Me echó de la casa
Intentamos volver y no resulto
Yo se que esto rompio algo con la chica no esperaba que intentara volver con mi esposa, lo hice por mis hijos los veia tristes pero fue peor sus peleas y malos tratos aumentaron.
en ese silencio, en la soledad de un departamento vacío, lo entendí.
No era mi esposa a quien extrañaba.
No era mi esposa la que me dolía perder.
Era la otra mujer
La que sin promesas, sin ataduras, me hizo sentir más vivo que nunca.
La que entre charla y charla, entre risa y risa, se metió en mi cabeza sin que me diera cuenta.
Con **mi esposa**, lo nuestro se había acabado hace años.
Creí que los lujos llenarían el vacío.
Que operar su cuerpo la haría más feliz.
Que los autos, los viajes, las apariencias, nos harían sentir como una pareja de verdad.
Pero nada de eso importaba cuando estaba con la chica
Porque con la chica era yo, sin máscaras, sin miedos.
Y ahora, que lo he perdido todo, sé que la amo.
No por su cuerpo.
No por el sexo.
No por lo que hace o deja de hacer.
Sino porque cuando estaba con ella, todo tenía sentido.
Y lo peor es que lo entendí tarde.
Cuando ya no tenía hogar.
Cuando ya no tenía excusas.
Cuando ya no tenía una forma de volver atrás.
Ahora solo me queda el recuerdo de lo que fue y la certeza de lo que podría haber sido.
Y la pregunta que me persigue cada noche:
¿Qué habría pasado si me hubiera atrevido a elegirla antes?
No espero retos ni malas onda
Solo decirles que la vida es mas simple
No corran por los billetes
Corran por la vida
Por el amor
Te amo a ti. Y no dejare de hacerlo
Quizas te lo dije muy tarde
Pero es real y me duele
Porque le tuve miedo al que diran
Era joven, con ambición y ganas de crecer. Los negocios iban bien, y eso significaba viajar constantemente fuera de Chile.
Un día, me tocó ir a Ámsterdam por una semana. Terminaba de trabajar temprano, a las cuatro de la tarde, y me alojaba a solo una estación de Ámsterdam Central. La meca de la prostitucion en amsterdsm
Mis jefes, que ya conocían la ciudad, me dieron un "tour" por el Barrio Rojo. Me voló la cabeza. Mujeres espectaculares en cada vitrina. Una escena sacada de película.
Pero, para ser sincero, en ese momento no me llamó la atención.
Las drogas, en cambio, sí.
Los primeros tres días los pasé completamente perdido en ellas (las drogas) explorando otro tipo de experiencias.
Al cuarto día, con un par de tragos encima, me picó el bichito de la curiosidad. Fui al Barrio Rojo decidido a probar. Recorrí cada calle, cada esquina, pero no me atreví a coronar.
El quinto día tuve cena de trabajo, así que tampoco pude ir.
Y así llegó el sexto y último día. Si no lo hacía ahora, no lo haría nunca.
Elegí a la mujer que más me gustó: una rubia espectacular, con un aire a Briana Banks, una actriz de películas para adultos de la época.
Pero mi primera experiencia fue una decepción.
Fría. Apurada. Ni siquiera hablaba inglésla chica. Solo quería terminar rápido.
Esa noche supe que pagar por sexo no era para mí.
En marzo de 2013 regresé a Chile.
Para entonces, mi vida iba en ascenso. Me habia casado, mi negocio prosperaba y el dinero no era problema.
Me compré mi primer deportivo. Nos fuimos a un departamento gigante. Le regalé un BMW a mi esposa.
Todo parecía perfecto.
Pero con los años y el dinero, mi esposa cambió.
A medida que tenía más lujos, se convirtió en una de esas mujeres cuicas que tanto me apestaban.
Mientras yo trabajaba, ella gastaba.
Le compre la casa que queria donde queria ...
Mientras yo quería estabilidad, ella quería más y más.
Para el 2014, mi rutina era viajar constantemente. En enero me tocó otro viaje largo. Volví a fines de abril.
Las cosas en casa no iban bien.
Un amigo me sugirió "relajarme" un poco y me pasó una página web y que revisara las chicas.
Curioso, entré.
Elegí la que me gusto y Llamé. Agendé.
Fui sin expectativas, sin saber qué esperar.
Abrieron la puerta.
No vi a nadie.
Una voz suave me dijo: Entra
Quizás ella no lo recuerda
Pero yo sí.
Nos quedamos en silencio. Solo mirándonos.
Y poco a poco, sin decir una palabra, nos empezamos a tocar, con suavidad, con calma.
Sus labios, los más suaves que había sentido en mi vida, se rozaban con los míos.
Era mi segunda vez pagando. Y fue completamente diferente a la primera.
La chica era espectacular.
Atenta. Cercana. Real.
Y, sin darme cuenta, empecé a volver.
Nunca necesité pagar para estar con mujeres.
Siempre e tenido buena pinta, carisma. Siempre supe hacer reír. Y ustedes saben que entre risa y risa… cae la longaniza
Pero con ella era distinto.
yo viajaba hasta cuatro veces al año, y cada vez que regresaba a Chile, la buscaba a ella. Teniendo la posibilidad de probar en el extranjero.
Quizás era miedo a lo desconocido.
Quizás me sentía cómodo con lo familiar.
Y seguía eligiéndola, una y otra vez.
Mientras tanto, en casa, mi esposa seguía cambiando.
Le hice otra cirugía. Más pechos, más curvas.
Se veía espectacular. Y lo sabía.
Se volvió más superficial. Más fría.
Más inalcanzable.
Más cuica.
Y eso me mataba.
Así que, sin pensarlo demasiado, volví a donde ella.
La misma chica.
La misma sonrisa.
La misma sensación de tranquilidad.
Con los años, creamos una especie de amistad.
A tal punto que, cuando necesitó cambiarse de lugar, le recomendé mi edificio. Nunca con segundas intenciones.
Pero terminó trabajando en el mismo edificio que yo.
Y todo se hizo más fácil.
Aburrido, bajaba a verla.
A veces, solo para conversar.
Otras, para perderme en su piel.
Hasta que me ofrecieron quedarme fuera del país por trabajo. Menos viajes a Chile. Más estabilidad.
Pensé en mudarme con mi esposa. Pero llegó la pandemia y arruinó todos los planes.
Me tocó regresar a Chile.
Regresé con dinero, con un nuevo auto para mi esposa el mercedes de sus sueños
Y fue el peor error.
Porque ahí sí que se volvió loca.
Gastaba sin control.
Vivía para aparentar.
Empezo la pandemia
Y yo, sin darme cuenta, empecé a ir más seguido a ver a la chica
Primero una vez a la semana.
Después dos.
Luego, tres o cuatro.
Ya no era solo el sexo.
Ya eran las charlas, los besos que se sentían de verdad.
Cada dia me gustaba mas
Yo pensaba en ella todo el día. Me lo cuestioné muchas veces. Pero muchas.
Un día, todo cambió.
El ambiente, la música, el clima… nosotros.
Me sinceré.
**"Te quiero para mí."**
Ella me miró y respondió: **"Quiero que esto pase más seguido."**
Se me paró el corazón. Sonará cursi, pero sentí un nudo en la guata.
Sí. Me enamoré.
Amaba momentos en los que el mundo desaparecía y solo quedábamos nosotros.
Mi esposa sospechó.
Unas conversaciones. Un descuido.
Todo se vino abajo.
Me echó de la casa
Intentamos volver y no resulto
Yo se que esto rompio algo con la chica no esperaba que intentara volver con mi esposa, lo hice por mis hijos los veia tristes pero fue peor sus peleas y malos tratos aumentaron.
en ese silencio, en la soledad de un departamento vacío, lo entendí.
No era mi esposa a quien extrañaba.
No era mi esposa la que me dolía perder.
Era la otra mujer
La que sin promesas, sin ataduras, me hizo sentir más vivo que nunca.
La que entre charla y charla, entre risa y risa, se metió en mi cabeza sin que me diera cuenta.
Con **mi esposa**, lo nuestro se había acabado hace años.
Creí que los lujos llenarían el vacío.
Que operar su cuerpo la haría más feliz.
Que los autos, los viajes, las apariencias, nos harían sentir como una pareja de verdad.
Pero nada de eso importaba cuando estaba con la chica
Porque con la chica era yo, sin máscaras, sin miedos.
Y ahora, que lo he perdido todo, sé que la amo.
No por su cuerpo.
No por el sexo.
No por lo que hace o deja de hacer.
Sino porque cuando estaba con ella, todo tenía sentido.
Y lo peor es que lo entendí tarde.
Cuando ya no tenía hogar.
Cuando ya no tenía excusas.
Cuando ya no tenía una forma de volver atrás.
Ahora solo me queda el recuerdo de lo que fue y la certeza de lo que podría haber sido.
Y la pregunta que me persigue cada noche:
¿Qué habría pasado si me hubiera atrevido a elegirla antes?
No espero retos ni malas onda
Solo decirles que la vida es mas simple
No corran por los billetes
Corran por la vida
Por el amor
Te amo a ti. Y no dejare de hacerlo
Quizas te lo dije muy tarde
Pero es real y me duele
Porque le tuve miedo al que diran