Soldado.1982
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Más allá de las fantasías, los disfraces y la lencería roja que ella usaba cada vez que nos reuníamos, haciendo lucir su delicada y curvilínea figura tan precisa y perfecta como una ninfa en llamas, Rocío pensaba que habría una posibilidad de estar juntos, aunque eso nunca estuvo dentro de mis planes.
Nunca prometí amor eterno. Se lo dejé en claro cuando nos reuníamos en los moteles, cuando nuestros cuerpos agitados por los orgasmos y las risas se entristecían cada vez que recordaba a mi pareja. Evitaba tomarle la mano en público, abrazarla o entregar cualquier demostración de afecto, salvo en contadas ocasiones cuando el alcohol o la marihuana me nublaba el juicio.
-Siento que se me rompe el corazón, no te preocupes, es mi culpa. - fue lo último que me dijo, cuando finalicé la aventura.
No fue fácil olvidarla. Durante muchos años después de terminar con ella recordaba cuando juagaba en su clítoris redondo y rosadito hasta que ella me pedía parar porque la podía matar de tanto placer. Muchas noches me la pasaba añorando su culito, el cual maltrataba con violentas embestidas y ella siempre pedía más, aunque yo estaba todo acalambrado, sin aire, intentaba satisfacer sus instintos insaciables.
Era tanto el dolor que llevé en silencio que debí refugiarme en el esoterismo, específicamente en las cartas. Quería saber de ella, aunque fuera a través del tarot y así fue pasando el tiempo hasta que aprendí ese arte a tal punto que ahora me dedico 100% a ello. Junto con mi éxito como tarotista, Rocío fue quedando atrás como un recuerdo triste.
Hace unos seis meses, me la topé en Providencia. Ella no me devolvió el saludo, no me dirigió una palabra y ni siquiera fue capaz de mirarme. Rocío solo atinó a Caminar rápido hasta perderse por Lyon.
Aquella actitud me llamó la atención y decidí revisar esas lecturas de tarot por si encontraba algún indicio. Lo que interpreté me dejó helado. Las cartas hablaban de un embarazo no deseado … En ese entonces no me di cuenta, pero ahora se veía claramente.
Las cartas me decían que ella había cometido un aborto. Lo primero que hice fue calmarme. Debía buscar pruebas racionales de que efectivamente había pasado ello. Comencé a investigar, primero, en un blog donde ella escribía en Tumblr.
Leí minuciosamente cada uno de los posteos hasta que encontré el primer indicio: una fotografía de ella, realizándose un examen de sangre, un mes después de terminar con ella. El pie de la foto decía: tu amor me cambió la vida, luego otro posteo en donde decía: ya te siento dentro mío, dando vida, moviéndote. Finalmente, tres meses después, Rocío le daba gracias a Dios por haber sido liberada de la carga que llevaba su cuerpo.
-Tanto te importa la Rocío, Maricón…- me dijo Manuel, su mejor amigo y años atrás también lo había sido. Intentando saber la verdad, fui hasta su casa, lloviéndome un par de chuchadas-
-Tú hiciste lo que quisiste con ella maricón y ahora vienes a preguntar por ella, después tanto tiempo después. Eres el peor conchetumadre que existe en la tierra. Tú sabes la crisis de pánico que le dio al verte maricón, casi la echan de la pega por eso, maricón… NO LA VUELVAS A BUSCAR NUNCA MÁS.
- Ella abortó…- pregunté. Manuel quedó helado. Su silencio y su sorpresa fue la confirmación que necesitaba. Tras un momento, él solo atinó a lanzarme un puñetazo que logré esquivar, pero no el escupitajo que me cayó directo en los ojos.
- ÁNDATE CONCHETUMADRE.- me dijo… cerrándome la puerta en la cara.
Sólo me quedaba una cosa por hacer… ir a la casa de Rocío. Me quedé afuera, esperando que ella saliera. La dejé avanzar unas cuadras y la tomé de un brazo y la giré hacia mi cuerpo. No pude evitar llorar. No soy una persona sentimental, pero no pude evitar las lágrimas. Ella también lo hizo. Simplemente la abracé. No hice preguntas, no hice cuestionamientos, no hice nada más que quedarme ahí, aferrado nuevamente a su cintura, sintiendo su dulce olor, en silencio. Le di un beso en la frente y le dije: hiciste lo correcto. Ella estalló en llanto, me volvió abrazar… perdóname, me dijo. No hay nada que perdonar. Tras calmarnos la solté, me di media vuelta.
Cada cual debía seguir su camino, pero siempre estaríamos atados por la muerte.
Nunca prometí amor eterno. Se lo dejé en claro cuando nos reuníamos en los moteles, cuando nuestros cuerpos agitados por los orgasmos y las risas se entristecían cada vez que recordaba a mi pareja. Evitaba tomarle la mano en público, abrazarla o entregar cualquier demostración de afecto, salvo en contadas ocasiones cuando el alcohol o la marihuana me nublaba el juicio.
-Siento que se me rompe el corazón, no te preocupes, es mi culpa. - fue lo último que me dijo, cuando finalicé la aventura.
No fue fácil olvidarla. Durante muchos años después de terminar con ella recordaba cuando juagaba en su clítoris redondo y rosadito hasta que ella me pedía parar porque la podía matar de tanto placer. Muchas noches me la pasaba añorando su culito, el cual maltrataba con violentas embestidas y ella siempre pedía más, aunque yo estaba todo acalambrado, sin aire, intentaba satisfacer sus instintos insaciables.
Era tanto el dolor que llevé en silencio que debí refugiarme en el esoterismo, específicamente en las cartas. Quería saber de ella, aunque fuera a través del tarot y así fue pasando el tiempo hasta que aprendí ese arte a tal punto que ahora me dedico 100% a ello. Junto con mi éxito como tarotista, Rocío fue quedando atrás como un recuerdo triste.
Hace unos seis meses, me la topé en Providencia. Ella no me devolvió el saludo, no me dirigió una palabra y ni siquiera fue capaz de mirarme. Rocío solo atinó a Caminar rápido hasta perderse por Lyon.
Aquella actitud me llamó la atención y decidí revisar esas lecturas de tarot por si encontraba algún indicio. Lo que interpreté me dejó helado. Las cartas hablaban de un embarazo no deseado … En ese entonces no me di cuenta, pero ahora se veía claramente.
Las cartas me decían que ella había cometido un aborto. Lo primero que hice fue calmarme. Debía buscar pruebas racionales de que efectivamente había pasado ello. Comencé a investigar, primero, en un blog donde ella escribía en Tumblr.
Leí minuciosamente cada uno de los posteos hasta que encontré el primer indicio: una fotografía de ella, realizándose un examen de sangre, un mes después de terminar con ella. El pie de la foto decía: tu amor me cambió la vida, luego otro posteo en donde decía: ya te siento dentro mío, dando vida, moviéndote. Finalmente, tres meses después, Rocío le daba gracias a Dios por haber sido liberada de la carga que llevaba su cuerpo.
-Tanto te importa la Rocío, Maricón…- me dijo Manuel, su mejor amigo y años atrás también lo había sido. Intentando saber la verdad, fui hasta su casa, lloviéndome un par de chuchadas-
-Tú hiciste lo que quisiste con ella maricón y ahora vienes a preguntar por ella, después tanto tiempo después. Eres el peor conchetumadre que existe en la tierra. Tú sabes la crisis de pánico que le dio al verte maricón, casi la echan de la pega por eso, maricón… NO LA VUELVAS A BUSCAR NUNCA MÁS.
- Ella abortó…- pregunté. Manuel quedó helado. Su silencio y su sorpresa fue la confirmación que necesitaba. Tras un momento, él solo atinó a lanzarme un puñetazo que logré esquivar, pero no el escupitajo que me cayó directo en los ojos.
- ÁNDATE CONCHETUMADRE.- me dijo… cerrándome la puerta en la cara.
Sólo me quedaba una cosa por hacer… ir a la casa de Rocío. Me quedé afuera, esperando que ella saliera. La dejé avanzar unas cuadras y la tomé de un brazo y la giré hacia mi cuerpo. No pude evitar llorar. No soy una persona sentimental, pero no pude evitar las lágrimas. Ella también lo hizo. Simplemente la abracé. No hice preguntas, no hice cuestionamientos, no hice nada más que quedarme ahí, aferrado nuevamente a su cintura, sintiendo su dulce olor, en silencio. Le di un beso en la frente y le dije: hiciste lo correcto. Ella estalló en llanto, me volvió abrazar… perdóname, me dijo. No hay nada que perdonar. Tras calmarnos la solté, me di media vuelta.
Cada cual debía seguir su camino, pero siempre estaríamos atados por la muerte.