Soldado.1982
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Era esa amiga rica que parecía un sueño y crucé esa delgada línea entre la ficción, la realidad, la amistad, el sexo ... y lo hice por caliente y esta historia acabó muchas veces, pero no tiene final feliz. Yo sentí su aroma dulce, la besé de pies a cabeza y me quedaba dormido manoseándola en un motel hasta que se terminaban las 12 horas. Con ella cumplí todas mis fantasías: Jalé coca encima de ella, usé lubricantes, látigos, la até, la golpeé, ella también lo hizo y yo obedecí... hicimos tantas locuras, como besarnos en plena Alameda, a dos cuadras de donde trabajaba mi pareja oficial.
Rocío no era cualquiera que encontré en la esquina: Hacia yoga, meditaba, andaba en bicicleta, era budista, pero también pintaba mandalas y les quedaban perfectos.
Cuando ella llegaba, media universidad se daba vuelta a mirarla y cuando me saludaba con un abrazo, dejaba al descubierto a su cintura. Sé que muchos se hubieran muerto por tan sólo rozarla, yo tuve la suerte de recibir sus abrazos. Era tal el nivel de confianza con ella que muchas veces nos preguntaron si éramos pareja:
-Eso sería abrir las puertas del infierno- decía.
- Sería el fin del mundo como lo conocemos.-
Fuimos amigos más de un año y un día ella llegó con falda formal, pero cortita, blusa con un ligero escote y sus lentes que le daban ese toque intelectual calentón. El cabello ondulado le caía sobre los hombros y su figura estaba más ceñida que la Guitarra de Silvio Rodríguez. Se me paró hasta el alma y cuando ella me abrazó, sintió algo duro allá abajo y en vez de alejarse, bajó los brazos por mi espalda y me apretó más fuerte. Respiré algo agitado y después la solté.
Al mirarla a los ojos, estos habían cambiando, sus pupilas parecían llamear y las provocaciones día a día comenzaron aumentar. Ella se agachaba delante mío, me rozaba con su mano y me lograba poner nervioso. Cada vez iba mejor vestida a la universidad, se comenzó a pintar, usar jeans ajustados y finalmente, en noviembre llegó un un peto donde sus dos pechos resaltaban a la vista. No aguanté más y la invité una cerveza. No me importó que ella fuera 12 años menor que yo, no me importó que fuera una gran amiga. Quería tenerla entre mis manos. Por eso mientras bebíamos unas chelas y de la nada le dije.
- Sabes que tarde o temprano vamos a terminar en un motel, vamos ahora o no vamos nunca.-
- Manuel, estás apuntándome con un arma cargada, estás dispuesto a llegar hasta el final.- Yo sólo moví la cabeza en señal de aprobación.
- Tomemos la cerveza y vamos.- Creo que nunca había tomado tan rápido. El alcohol se subió a mi cabeza y a ella también. En plena Alameda nos comenzamos a besar y ella me dijo sutilmente al oído, tócame, metiéndome la mano debajo de su falda... me tienes toda mojada...
Seguimos caminando buscando un motel urgente, pero no alcanzamos a llegar. Nos metimos en un callejón oscuro cercano a Meiggs y me bajó el cierre del pantalón y al mirarlo me puso una sonrisa y lo hizo desaparecer en la boca, tenía una técnica suave profunda y ni siquiera le sentía los dientes.
- Puedes acabar en mi boca, no hay que dejar huella.- así fue como exploté en su boca, tirando la dulce y blanca leche que ella se la tomó toda.
Y eso que ni siquiera habíamos llegado al motel.
Cuando llegamos al motel, tuve que devolver la gentiliza. Debimos esperar en el privado y aproveché para sacar sus calzones y meterme ahí abajo, sintiendo la suavidad de sus labios con mi lengua. Ella debía morderse los labios para evitar gemir. Cuando llegamos a la habitación la ropa voló por todas partes, su piel era blanca y cada centímetro de ella era delicado como alas de mariposa. Cuando estaba arriba mío parecía volar en sus movimientos y sus gemidos eran tan fuertes que golpeaban en mis tímpanos. Me encantaba su lenguaje de camionera en la cama, diciéndome las peores groserías del mundo. Amaba morder sus areolas pequeñas y rosaditas, me encantaba que me mirara a los ojos cuando se iba o cuando le arrojaba el semen en la cara como película porno... esas tres horas uff, las primeras fueron maravillosas, sobre todo cuando nos fuimos a la ducha y lo hicimos ahí, en la tina cayendo el agua de la ducha sobre nuestros cuerpos calientes.
Los problemas vinieron después. Pero no quiero dar más lata jajaja. en Fin continuará.
Rocío no era cualquiera que encontré en la esquina: Hacia yoga, meditaba, andaba en bicicleta, era budista, pero también pintaba mandalas y les quedaban perfectos.
Cuando ella llegaba, media universidad se daba vuelta a mirarla y cuando me saludaba con un abrazo, dejaba al descubierto a su cintura. Sé que muchos se hubieran muerto por tan sólo rozarla, yo tuve la suerte de recibir sus abrazos. Era tal el nivel de confianza con ella que muchas veces nos preguntaron si éramos pareja:
-Eso sería abrir las puertas del infierno- decía.
- Sería el fin del mundo como lo conocemos.-
Fuimos amigos más de un año y un día ella llegó con falda formal, pero cortita, blusa con un ligero escote y sus lentes que le daban ese toque intelectual calentón. El cabello ondulado le caía sobre los hombros y su figura estaba más ceñida que la Guitarra de Silvio Rodríguez. Se me paró hasta el alma y cuando ella me abrazó, sintió algo duro allá abajo y en vez de alejarse, bajó los brazos por mi espalda y me apretó más fuerte. Respiré algo agitado y después la solté.
Al mirarla a los ojos, estos habían cambiando, sus pupilas parecían llamear y las provocaciones día a día comenzaron aumentar. Ella se agachaba delante mío, me rozaba con su mano y me lograba poner nervioso. Cada vez iba mejor vestida a la universidad, se comenzó a pintar, usar jeans ajustados y finalmente, en noviembre llegó un un peto donde sus dos pechos resaltaban a la vista. No aguanté más y la invité una cerveza. No me importó que ella fuera 12 años menor que yo, no me importó que fuera una gran amiga. Quería tenerla entre mis manos. Por eso mientras bebíamos unas chelas y de la nada le dije.
- Sabes que tarde o temprano vamos a terminar en un motel, vamos ahora o no vamos nunca.-
- Manuel, estás apuntándome con un arma cargada, estás dispuesto a llegar hasta el final.- Yo sólo moví la cabeza en señal de aprobación.
- Tomemos la cerveza y vamos.- Creo que nunca había tomado tan rápido. El alcohol se subió a mi cabeza y a ella también. En plena Alameda nos comenzamos a besar y ella me dijo sutilmente al oído, tócame, metiéndome la mano debajo de su falda... me tienes toda mojada...
Seguimos caminando buscando un motel urgente, pero no alcanzamos a llegar. Nos metimos en un callejón oscuro cercano a Meiggs y me bajó el cierre del pantalón y al mirarlo me puso una sonrisa y lo hizo desaparecer en la boca, tenía una técnica suave profunda y ni siquiera le sentía los dientes.
- Puedes acabar en mi boca, no hay que dejar huella.- así fue como exploté en su boca, tirando la dulce y blanca leche que ella se la tomó toda.
Y eso que ni siquiera habíamos llegado al motel.
Cuando llegamos al motel, tuve que devolver la gentiliza. Debimos esperar en el privado y aproveché para sacar sus calzones y meterme ahí abajo, sintiendo la suavidad de sus labios con mi lengua. Ella debía morderse los labios para evitar gemir. Cuando llegamos a la habitación la ropa voló por todas partes, su piel era blanca y cada centímetro de ella era delicado como alas de mariposa. Cuando estaba arriba mío parecía volar en sus movimientos y sus gemidos eran tan fuertes que golpeaban en mis tímpanos. Me encantaba su lenguaje de camionera en la cama, diciéndome las peores groserías del mundo. Amaba morder sus areolas pequeñas y rosaditas, me encantaba que me mirara a los ojos cuando se iba o cuando le arrojaba el semen en la cara como película porno... esas tres horas uff, las primeras fueron maravillosas, sobre todo cuando nos fuimos a la ducha y lo hicimos ahí, en la tina cayendo el agua de la ducha sobre nuestros cuerpos calientes.
Los problemas vinieron después. Pero no quiero dar más lata jajaja. en Fin continuará.
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