No me ha pasado. Hasta el momento no me he enamorado de alguna musa. Quizás es porque entré al lado B después de los 40, o por que mi personalidad es, según muchas personas, fría y distante.
Siempre he entendido que la dama es una profesional y por lo tanto soy su cliente. También evito las citas de toda una noche, salidas a comer o bien encuentros fuera de su guarida u hotel.
A la regalona de turno, cuando la hay, siempre la veo como alguien con quien hay buena onda, disfruto de sus atributos físicos y sus artes en la cama, pero que su compañía depende de mi situación financiera.
Sin embargo, como todo en la vida, no puedo afirmar a ciencia cierta que "de esa agua no beberé".