shenmue
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La visité ayer, pero incluso lo que me imaginaba que podía encontrarme quedaba pequeño. Usaba anteojos, con los que parecía una ejecutiva sexy, botas de cuero de tacones altos que la hacían ver todavía más alta que sus casi 1,70 metros de altura, un colaless diminuto con los colores de camuflaje militar, que resaltaban que estaba lista para la guerra y un sostén negro que cubría unas tetas perfectas, pero en verdad, lo que vestía en ese minuto, me importó muy poco. Fácilmente podría ser la hermana menor y más rica de Ignacia Allamand. Rubia, de ojos azules y de piel muy blanca, toda una valquiria, pero con la sangre caliente de la mujer latina.
Lo primero que debo mencionar de sus talentos, es su noable oratoria. ¡Qué manera de dirigirse al país! Profundo, rápido, y sin detenerse ni pa respirar, hacienda desde todas las posiciones que se me ocurrieron, lo que me hizo pensar que tenía un imán en mi miembro, por la forma en que lo hacia disparecer casi completamente. Me recorrió entero.
Por supueso todavía quedaban más sorpresas. Ella no sólo se mueve, se estremece, contoneándose desesperadamene, emitiendo sonidos tan ricos y frunciendo el ceño a la vez, de tal manera que parece que entrara en un transis. Que puedo decir, mas que cuando se desata: “¡Afírmate cabrito!”.
Realmente lo siento, pero no puedo comentarles nada más, ya que simplemente no le haría justicia. Él que no la conoce, no lo comprendería y yo no quiero extenderme más en lo que hicimos.
Para el que necesite una tabla, sólo puedo decirle que le daría una corrida de sietes.
Lo primero que debo mencionar de sus talentos, es su noable oratoria. ¡Qué manera de dirigirse al país! Profundo, rápido, y sin detenerse ni pa respirar, hacienda desde todas las posiciones que se me ocurrieron, lo que me hizo pensar que tenía un imán en mi miembro, por la forma en que lo hacia disparecer casi completamente. Me recorrió entero.
Por supueso todavía quedaban más sorpresas. Ella no sólo se mueve, se estremece, contoneándose desesperadamene, emitiendo sonidos tan ricos y frunciendo el ceño a la vez, de tal manera que parece que entrara en un transis. Que puedo decir, mas que cuando se desata: “¡Afírmate cabrito!”.
Realmente lo siento, pero no puedo comentarles nada más, ya que simplemente no le haría justicia. Él que no la conoce, no lo comprendería y yo no quiero extenderme más en lo que hicimos.
Para el que necesite una tabla, sólo puedo decirle que le daría una corrida de sietes.