calleuque
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Mis viejos andaban de vacaciones y habían dejado a alguien de confianza a cargo del restaurant, pero todas las noches, de vuelta de la universidad, tenía que pasar a hacer caja y ver si estaba todo en orden. Generalmente, antes pasaba a mi casa a bañarme para después ir a ver a mi polola.
Esa noche, estaba flojo el negocio y decidimos cerrar temprano. Cuando ya el personal se retiraba, se me acercó una de las garzonas y me dijo “¿y usted se va solito pa’su casa, por qué no se viene pa’la mía mejor?” “gracias, pero de aquí me voy donde mi polola”, “por lo menos, vaya a dejarme ya que usted anda en auto”. Estaba clarito que la viejuja quería comer carnita tierna. Yo en ese tiempo, a pesar de mis 22 años, estaba aún cero kilómetro.
La mujer era cincuentona por lo menos, no debe haber sido fea en sus tiempos mozos. La verdad es que me daba cosa ir, pero al mismo tiempo me excitaba la idea. Partimos en el auto hacia su casa, sólo iba a dejarla. En el camino, conversamos de cualquier cosa y, a la primera cosa divertida que se dijo, entre la risa, me pasó la mano por la rodilla, a la segunda, me acarició la pierna. Al poco rato ya las caricias de pierna iban y venían, de la rodilla hasta casi mi entrepierna. A pesar de mi cierta repugnancia con la viejuja, igual me había calentado y tenía una erección notoria.
Cuando llegamos a su casa, estaba en el dilema, ¿la dejo y me voy o me bajo y que sea lo que sea? “ya, aquí la dejo”, “pero bájese un ratito, para que se tome un refresco que sea”. Medio tiritón, entre asustado, con remordimientos (pensaba en mi polola), algo de repugnancia y excitación, me bajé “¿no hay problemas con el auto?” “no, no pasa nada”.
Entramos a la casa, una casita de pobla, de ladrillo, chiquitita, limpia aunque un poco desordenada. Me trajo un vaso de algún trago, otro para ella y se sentó a mi lado. “¿Así que está pololeando?” “Sí” “¿cómo es su polola?”… me preguntaba cosas, mientras me volvía a acariciar la pierna, cada vez más larga la caricia. “¿Y hacen el amor con su polola’” “mmhh no, nunca”. Ahí la mano pasó de largo y se posó sobre mi bulto, ya duro en ese momento.
“Apuesto que nunca ha estado con una mujer” yo sudaba, estaba que me levantaba y me arrancaba, pero al mismo tiempo quería que siguiera. Hasta que se tiró al abordaje, me abrió el pantalón, bajó el cierre, yo me acomodé para que lo bajara un poco, me bajó un poco el slip y metió la mano. Yo andaba recién bañado, preparado para ir donde mi polola. “Mmmhh está limpiecito, olorocito” Yo estaba totalmente bloqueado. Sacó el miembro erecto y acercó su boca, alcanzó a metérselo en la boca y eyaculé. Apenas se dio cuenta, se lo metió más adentro, para recibir todo el semen. Cuando terminé, se enderezó, fue al lavaplatos y volvió. Yo me moría de vergüenza, era efectivamente mi primera experiencia “sexual” con una mujer, alguna vez antes, una prima me había masturbado, pero esto era otra cosa.
“Andaba cargadito ¿ah?... no se preocupe, es normal en un niño joven”. Se acercó de nuevo y me dio un beso, me metió la lengua hasta no sé dónde. Me limpió con un papel y me ofreció si quería pasar al baño. Me volvió a besar, ahora le respondí, estuvimos besándonos un rato y me dijo en un susurro, “no se vaya, vengo altirito”. Entró al baño, se sintió la ducha sonar y volvió, no habían pasado más de diez minutos, se había puesto “ropa sexi” un babydoll no muy bonito, pero yo ya había tomado la decisión de quedarme, o la decisión me había tomado a mí.
Se volvió a sentar a mi lado, sacó una teta y me la puso en la boca, una teta blanducha y caediza, igual la chupé y le metí mano en el calzón. Ella me tomó la mano y me guió para que le metiera los dedos. Me sacó la camisa, mientras me besaba por todos lados “mmhh yo soñaba con este momento” decía mientras me sacaba los pantalones. Volvió a la carga y me lo empezó a chupar, fláccido como estaba, lo puso duro de nuevo, me chupó los testículos, se los metía enteros a la boca. Se paró, me tomó de la mano para levantarme y me llevó a su cama, mientras me acariciaba el culo.
Me hizo tender de espaldas y me empezó a besar en la boca de nuevo y empezó a bajar. Cuando yo pensé que me lo iba a chupar de nuevo, con sus manos me hizo voltearme y quedar boca abajo, me besaba la espalda, las nalgas y en eso, me las abrió, yo me asusté, no sabía que pretendía, en eso, siento que su lengua busca recovecos y me empezó a hacer un beso negro. Sabía la mujer, después en algún momento comentó que de joven “se había dedicado un tiempo al sexo”. Era primera vez que experimentaba esa sensación. Después, me puso de espaldas de nuevo, me lo chupó un poco y se montó, ella se había desnudado, no era lo más provocativo ver sus tetas viejas, caídas, como se movían, pero igual, entre que se lo metió, se movió un poco y yo acabé, habrán pasado un par de minutos. Ella se dio cuenta, pero se siguió moviendo, hasta que notó que me había puesto “blando” de nuevo. Se salió, se limpió, me limpió y se tendió a mi lado. Me empezó a conversar como si estuviéramos en el restaurant, aquí no pasaba nada. Me acariciaba suavemente, con sus manos ásperas de mujer trabajada. Yo me quedé dormido.
No sé cuánto rato pasó que me desperté con ella chupándomelo de nuevo. Apenas alcancé la dureza necesaria, se volvió a montar “yo creo que ahora va a durar más” me decía mientras se meneaba. Paró y me dijo “a ver, usted tiene que aprender, para cuando esté con su polola” se tendió de espaldas y me dio las instrucciones para hacerlo a lo misionero. Yo acataba sus instrucciones, me movía mientras ella empezó a gemir, me besaba y gemía, me pasaba la lengua por toda la cara, me tenía todo baboseado. Hasta que, por la intensidad de sus gemidos y sus meneos, me di cuenta de que había acabado, un par de minutos más y acabé yo. Ella estaba radiante, “ahora si ¿vio?”. Nos quedamos tendidos en la cama, uno al lado del otro, ella se puso “tierna”, me acariciaba y besaba casi maternalmente, “mi niño, mi bebé” me decía.
“Ya, me tengo que ir” le dije, pero ella me dijo que esperara un rato, “no puede manejar tan pronto, está muy débil”. Me trajo un vaso de bebida. Mientras me conversaba. Después de un rato, fui al baño, me lavé en el lavamanos y me empecé a vestir. Cuando ya estaba vestido, ella se había puesto su babydoll de nuevo y se acercó, me acarició de nuevo y aunque yo solo quería irme, ella se las arregló para acariciar mi zona sensible, y al poco rato me estaba bajando el cierre y otra vez me lo empezó a chupar. Yo me quedé quieto y la dejé hacer, me bajó un poco los pantalones y volvió a chuparme los testículos, y siguió así, hasta que me hizo acabar otra vez. Pero en esta ocasión, recibió todo el semen en la boca y se lo tragó. Me cerré el pantalón, pesqué las llaves y me fui a mi casa.
Los días siguientes, incluso cuando volvieron mis viejos, en el restaurant todo fue normal, nunca hubo un comentario, una risita, nada, no supe si las otras viejas se enteraron o no, al par de meses, ella se fue a trabajar a otro lado y nunca más supe de ella.
Con mi polola, no pasó mucho tiempo hasta que logré que accediera, me sentía más seguro, aunque el problema de EP me siguió varios años, hasta que aprendí a controlarlo estando ya casado.
Esa noche, estaba flojo el negocio y decidimos cerrar temprano. Cuando ya el personal se retiraba, se me acercó una de las garzonas y me dijo “¿y usted se va solito pa’su casa, por qué no se viene pa’la mía mejor?” “gracias, pero de aquí me voy donde mi polola”, “por lo menos, vaya a dejarme ya que usted anda en auto”. Estaba clarito que la viejuja quería comer carnita tierna. Yo en ese tiempo, a pesar de mis 22 años, estaba aún cero kilómetro.
La mujer era cincuentona por lo menos, no debe haber sido fea en sus tiempos mozos. La verdad es que me daba cosa ir, pero al mismo tiempo me excitaba la idea. Partimos en el auto hacia su casa, sólo iba a dejarla. En el camino, conversamos de cualquier cosa y, a la primera cosa divertida que se dijo, entre la risa, me pasó la mano por la rodilla, a la segunda, me acarició la pierna. Al poco rato ya las caricias de pierna iban y venían, de la rodilla hasta casi mi entrepierna. A pesar de mi cierta repugnancia con la viejuja, igual me había calentado y tenía una erección notoria.
Cuando llegamos a su casa, estaba en el dilema, ¿la dejo y me voy o me bajo y que sea lo que sea? “ya, aquí la dejo”, “pero bájese un ratito, para que se tome un refresco que sea”. Medio tiritón, entre asustado, con remordimientos (pensaba en mi polola), algo de repugnancia y excitación, me bajé “¿no hay problemas con el auto?” “no, no pasa nada”.
Entramos a la casa, una casita de pobla, de ladrillo, chiquitita, limpia aunque un poco desordenada. Me trajo un vaso de algún trago, otro para ella y se sentó a mi lado. “¿Así que está pololeando?” “Sí” “¿cómo es su polola?”… me preguntaba cosas, mientras me volvía a acariciar la pierna, cada vez más larga la caricia. “¿Y hacen el amor con su polola’” “mmhh no, nunca”. Ahí la mano pasó de largo y se posó sobre mi bulto, ya duro en ese momento.
“Apuesto que nunca ha estado con una mujer” yo sudaba, estaba que me levantaba y me arrancaba, pero al mismo tiempo quería que siguiera. Hasta que se tiró al abordaje, me abrió el pantalón, bajó el cierre, yo me acomodé para que lo bajara un poco, me bajó un poco el slip y metió la mano. Yo andaba recién bañado, preparado para ir donde mi polola. “Mmmhh está limpiecito, olorocito” Yo estaba totalmente bloqueado. Sacó el miembro erecto y acercó su boca, alcanzó a metérselo en la boca y eyaculé. Apenas se dio cuenta, se lo metió más adentro, para recibir todo el semen. Cuando terminé, se enderezó, fue al lavaplatos y volvió. Yo me moría de vergüenza, era efectivamente mi primera experiencia “sexual” con una mujer, alguna vez antes, una prima me había masturbado, pero esto era otra cosa.
“Andaba cargadito ¿ah?... no se preocupe, es normal en un niño joven”. Se acercó de nuevo y me dio un beso, me metió la lengua hasta no sé dónde. Me limpió con un papel y me ofreció si quería pasar al baño. Me volvió a besar, ahora le respondí, estuvimos besándonos un rato y me dijo en un susurro, “no se vaya, vengo altirito”. Entró al baño, se sintió la ducha sonar y volvió, no habían pasado más de diez minutos, se había puesto “ropa sexi” un babydoll no muy bonito, pero yo ya había tomado la decisión de quedarme, o la decisión me había tomado a mí.
Se volvió a sentar a mi lado, sacó una teta y me la puso en la boca, una teta blanducha y caediza, igual la chupé y le metí mano en el calzón. Ella me tomó la mano y me guió para que le metiera los dedos. Me sacó la camisa, mientras me besaba por todos lados “mmhh yo soñaba con este momento” decía mientras me sacaba los pantalones. Volvió a la carga y me lo empezó a chupar, fláccido como estaba, lo puso duro de nuevo, me chupó los testículos, se los metía enteros a la boca. Se paró, me tomó de la mano para levantarme y me llevó a su cama, mientras me acariciaba el culo.
Me hizo tender de espaldas y me empezó a besar en la boca de nuevo y empezó a bajar. Cuando yo pensé que me lo iba a chupar de nuevo, con sus manos me hizo voltearme y quedar boca abajo, me besaba la espalda, las nalgas y en eso, me las abrió, yo me asusté, no sabía que pretendía, en eso, siento que su lengua busca recovecos y me empezó a hacer un beso negro. Sabía la mujer, después en algún momento comentó que de joven “se había dedicado un tiempo al sexo”. Era primera vez que experimentaba esa sensación. Después, me puso de espaldas de nuevo, me lo chupó un poco y se montó, ella se había desnudado, no era lo más provocativo ver sus tetas viejas, caídas, como se movían, pero igual, entre que se lo metió, se movió un poco y yo acabé, habrán pasado un par de minutos. Ella se dio cuenta, pero se siguió moviendo, hasta que notó que me había puesto “blando” de nuevo. Se salió, se limpió, me limpió y se tendió a mi lado. Me empezó a conversar como si estuviéramos en el restaurant, aquí no pasaba nada. Me acariciaba suavemente, con sus manos ásperas de mujer trabajada. Yo me quedé dormido.
No sé cuánto rato pasó que me desperté con ella chupándomelo de nuevo. Apenas alcancé la dureza necesaria, se volvió a montar “yo creo que ahora va a durar más” me decía mientras se meneaba. Paró y me dijo “a ver, usted tiene que aprender, para cuando esté con su polola” se tendió de espaldas y me dio las instrucciones para hacerlo a lo misionero. Yo acataba sus instrucciones, me movía mientras ella empezó a gemir, me besaba y gemía, me pasaba la lengua por toda la cara, me tenía todo baboseado. Hasta que, por la intensidad de sus gemidos y sus meneos, me di cuenta de que había acabado, un par de minutos más y acabé yo. Ella estaba radiante, “ahora si ¿vio?”. Nos quedamos tendidos en la cama, uno al lado del otro, ella se puso “tierna”, me acariciaba y besaba casi maternalmente, “mi niño, mi bebé” me decía.
“Ya, me tengo que ir” le dije, pero ella me dijo que esperara un rato, “no puede manejar tan pronto, está muy débil”. Me trajo un vaso de bebida. Mientras me conversaba. Después de un rato, fui al baño, me lavé en el lavamanos y me empecé a vestir. Cuando ya estaba vestido, ella se había puesto su babydoll de nuevo y se acercó, me acarició de nuevo y aunque yo solo quería irme, ella se las arregló para acariciar mi zona sensible, y al poco rato me estaba bajando el cierre y otra vez me lo empezó a chupar. Yo me quedé quieto y la dejé hacer, me bajó un poco los pantalones y volvió a chuparme los testículos, y siguió así, hasta que me hizo acabar otra vez. Pero en esta ocasión, recibió todo el semen en la boca y se lo tragó. Me cerré el pantalón, pesqué las llaves y me fui a mi casa.
Los días siguientes, incluso cuando volvieron mis viejos, en el restaurant todo fue normal, nunca hubo un comentario, una risita, nada, no supe si las otras viejas se enteraron o no, al par de meses, ella se fue a trabajar a otro lado y nunca más supe de ella.
Con mi polola, no pasó mucho tiempo hasta que logré que accediera, me sentía más seguro, aunque el problema de EP me siguió varios años, hasta que aprendí a controlarlo estando ya casado.