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La vida es una tómbola (Primera Parte)

Tio Tetera

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Año 2002

En mi etapa escolar nunca tuve muchas amistades. Por favor, no me mal entiendan. No era un bicho raro que lo encerraban en el baño. Pero tampoco era de los populares. Yo era de esos alumnos más bien regulares, con un grupito de entre cinco o seis, y nada más.

Mis amigos eran principalmente compañeros de clase que solían sentarse a mi alrededor. Aunque la mayoría de ellos usaba pantalones, no me complicaba si aparecía un jumper. Hablar con mujeres era muy entretenido, sobre todo cuando llegué a la Media. Hasta podría decir que me llevaba mejor con ellas. A veces, me contaban sus problemas y yo las escuchaba con atención. Por alguna razón, me buscaban para un consejo, como si yo fuese alguna especie de oráculo. Quizá fuese porque en ese tiempo era de los pocos de mi curso con acceso a internet y podía buscar y leer mucha información. Tener internet en ese tiempo era el paraíso.

Algunas de mis amigas también me buscaban para saciar su curiosidad. Recuerdo una vez que me preguntaron: «¿Cómo es el semen? ¿Qué consistencia tiene?». Pero cada vez que me ponía hablar, aparecía un compañero figurín hablando tonterías y todo mi discurso docto se rompía. Entonces ellas se enojaban con él y me decían «No lo pesquen y sigue explicando». En serio, como que ellas me tomaban como una voz verdadera, autorizada.

No recuerdo muy bien como sucedió… Yo cursaba 4º medio, la etapa final del colegio. Mi compañero de atrás (al que llamaré «Papelucho») tenía una amiga de un curso más abajo. Papelucho se desaparecía en los recreos para ir a verla. En realidad, Papelucho sí que tenía amistades. No solo estaba con ella, se juntaba con muchos otros. Lo que no significa que fuese popular. Papelucho era piola, pero era simpático. ¿Se entiende? Papelucho no se peinaba a la moda y las mujeres lo perseguían. Él escuchaba caleta de música. La música sería trascendental en gran parte de mi vida.

Sigo sin entender cómo ocurrió… pero su amiga (a la que llamaré «Piel Canela») me saludaba cada vez que me veía. No estoy hablando de saludos cercanos, de hablar y abrazos. No. Ella simplemente me saludaba desde lejos con la mano. Yo creía que, como sabía que el Papelucho era mi compañero, ella me tenía que saludar. Y lo hacía. Era curioso.

La Piel Canela venía del norte de Chile. Era trigueña. Un poco tímida. Usaba melena. Tenía una cara de ardillita chistosa. Yo la miraba de lejos y me gustaba caleta su piel (ahora se entiende el por qué le digo así) No sé, son esas cosas que uno no entiende, pero pasa.

Como dije antes, al Papelucho le gustaba la música, pero la alternativa. De hecho, él tenía un bajo. Una vez fui a su casa y lo enchufó. No tocaba como los dioses, pero era decente. Él soñaba con ser músico. Y como él y su círculo era de música, yo deducía que la Piel Canela también sería de la misma onda. Mis sospechas se hicieron realidad cuando un recreo le miré la mochila. La Piel Canela usaba dos parches de Deftones y Evanescence. Cuando vi eso, mi mente hizo click. En mi curso la mayoría de mis compañeras les gustaba el pop o la cumbia… pero nunca Deftones y Evanescence. Ya no había duda, la Piel Canela cachaba la onda que se estaba formando.

Mientras yo leía documentos que imprimía de internet, el Papelucho y la Piel Canela se juntaban en los recreos con el grupo de los alternativos. Era un grupo grande, hombres y mujeres. Siempre se les veía en el mismo rincón, con sus mochilas oscuras, sus parches, uñas negras. Yo nunca me uní a ese grupo. Nunca nadie me invitó… o eso creía yo.

Un día, la Piel Canela (así de la nada) entró a mi sala de clases y fue a mi mesa. Recién ahí pude conocer su voz y ver su piel en detalle. Yo me asusté un poco. Sipo, era extraño. ¿Por qué una cabra chica de otro curso entraría a una sala ajena? Hasta que lo supe: la Piel Canela me saludó y me invitó a una tocata que se realizaría el fin de semana. ¡Hey! Yo nunca había ido a una, pero me llamaban la atención. Entonces le dije que sí, obvio.

Antes de retirarse, la Piel Canela me entregó un papelito que dejó en mi mesa. No alcancé a leerlo: justo aparecieron dos tontitos y al ver que hablaba sola conmigo y no era de allí comenzaron a molestarla. La Piel Canela no dijo nada: se puso roja y se fue con su compañera que la esperaba pacientemente en la puerta. Yo no pude decirle nada, simplemente se fue. Abrí el papelito que me había dejado y sonreí. ¿Qué era? Un correo eléctrico con tres letras que identifiqué inmediatamente. El famoso y recordado, MSN.

Pude conocer en otra faceta a la Piel Canela, pero también entender como la música nos conectaba. Yo no me consideraba «alternativo» pero ella se consideraba «contestaria». Era una chica muy interesante. También le gustaba navegar por internet y buscar información en los diferentes portales.

Mi primera tocata fue un evento importante en mi vida.

Llegó el día y nos juntamos en una esquina. Nos saludamos y nos fuimos conversando cosas musicales, obvio. El ambiente era muy extraño, pero bacán a la vez. Nunca había visto tanta onda junta. Parecía que el grupito de los alternativos que rondaba el Papelucho se había multiplicado. Se suponía que era un evento pequeño, pero se corrió la voz. Me sentí super bacán. Éramos dos adolescentes, rodeados de otros jóvenes y algunos adultos. Le agradecí por invitarme.

Cuando llegaron los músicos en una furgoneta, quedó la patá. El solo hecho de ver un instrumento musical, que veíamos en MTV o videos de internet, portadas de discos y otros, era muy sorprendente. Y si ver los músicos con sus instrumentos fue bacán, escuchar la música fue una locura. Fueron como más de dos horas de clásicos del rock con algunos cover grunge. Yo siempre estuve al lado de la Piel Canela. Saltamos y nos reímos caleta. No me importaba los zumbidos en las orejas. La sensación juvenil, rebelde, algunos fumando en rincones, era muy buena. Yo creía estar en un videoclip.

Cuando terminó la última canción, la Piel Canela me abrazó y puso su cabeza en mi hombro. Recién en ese momento íntimo, me entraron las preguntas. «¿Qué onda?». Ella no me dijo nada y yo tampoco. Éramos amigos y no quería equivocarme. Me asusté un poco. Me acompañó al paradero y me fui.

Llegó fin de año y terminé el colegio. Todavía no entiendo qué pasó… No volví a ver a la Piel Canela en vivo. A veces se conectaba al MSN. Aquellos encuentros digitales eran buenos, pero ninguno de los dos daba el paso a vernos de nuevo. No sé. Como que se asumía que el solo hecho de escribirnos, era vernos.

Año 2004

La Piel Canela ya no se conectaba al MSN y yo tampoco trataba de ubicarla. Ya había salido del colegio, así no tenía idea si había conocido a otras personas o se había ido de Santiago. En resumen, desapareció. Fue triste y extraño. Mirar una pantalla y esperar que alguien aparezca. Lo único que sabía es que nos separaban varias comunas de distancia. Yo nunca fui a su casa y ella tampoco vino a la mía. Fuimos una amistad fugaz.

Año 2008

Yo estaba en otra etapa de mi vida, totalmente alejado de mis amigos del colegio. ¿Cómo no hacerlo? Tenía otros amigos y planes de futuro. Mientras eso sucedía, apareció una nueva palabra. Casi todo mi alrededor la decía y la usaba. ¿De qué estoy hablando? El famoso Facebook… «Oye créate un perfil», me decían. «¿Tení Facebook?», me preguntaban. A mí no me importaba. Prefería otras páginas informativas y de lectura. Tuvo que pasar mucho tiempo para unirme.

Año 2010

Me cree una cuenta de Facebook y pasó lo obvio: me llegaron solicitudes de amistad. Eran familiares, amigos actuales y del pasado. Algunos los acepté y otros no. Hasta que un día apareció la solicitud de ella… la Piel Canela. Me siguió y la seguí. Entré a su perfil y miré sus fotos. ¡Estaba cambiada! Ya no era una ardilla adolescente. Era una veinteañera, universitaria. Ella tenía caleta de amigos. No sé, más de 500. Para mí era una locura. Pero claro, ella usaba Facebook desde mucho antes.

Usando el chat de Facebook, recordamos viejos tiempos. Nos saludamos, nos reímos. A pesar de todo, no era lo mismo. Escribir y escribir, mirar una pantalla. Fome. Creo que intenté reunirnos de nuevo, pero ella estaba ocupada. A veces me alegraba ver sus saludos de cumpleaños en mi muro. Pero, insisto, no era lo mismo. Ella no podía juntarse conmigo, así que perdí interés. Pasó el tiempo y me dejó de importar. Y así… la Piel Canela volvió a desaparecer de mi vida, esta vez fueron muchos años.

Abril 2025

Yo tenía Facebook, pero no lo usaba. Antes de cerrarlo, se me ocurrió ubicar a la Piel Canela. Para mi sorpresa, ella seguía ahí. Tenía algunos posteos, pero tampoco era muy activa como años anteriores. Me preocupé de sus fotos… ¡Estaba cambiada! Ya no era una veinteañera universitaria. Ya tenía más de treinta años. Era una adulta joven, con algunas fotos en el extranjero: playas, ciudades, cultura. Algunas selfies. ¿Coquetas? No. Eran selfies de celular con el mentón arriba, como de mina seria, pesada. Pero no lo era. Era su propio estilo, su onda. Yo la cachaba y me gustaba como lo expresaba. También tenía fotos de la naturaleza. Mucho desierto, flores, montañas, animales…, algunas casas antiguas y trenes olvidados. La Piel Canela cachaba muy bien la onda fotográfica, hasta los videos le colocaba buenos filtros. Estuve varios minutos mirando si perfil en Facebook. Ella usaba Facebook para mostrarse con actitud. Era bacán. Totalmente contrario al mio.

Entonces decidí escribirle de nuevo:

«Hola como estas? Hoy me acordé de ti. Ya no uso esto y pensaba en cerrarlo. Te dejo mi correo y mi Instagram donde suelo estar más activo para reírnos un rato. Saluditos!»

Marzo 2026 (Instagram)

«Hola pooooooo como estai? Oye, discúlpame. Recién vi tu mensaje en Facebook. Perdón, perdón. Han pasado muchas cosas…»

Vi la notificación en mi celular y era la Piel Canela. Yo la había dado totalmente desaparecida. Pero no. Aquel sencillo mensaje me sacó una sonrisa. Antes de hablarle, miré sus nuevas fotos… OMG! Si el perfil en Facebook me había gustado, este era mucho mejor. Tenía fotos de caras risueñas y otras seria, incluso algunas de su etapa escolar que me hizo recordar nuestra amistad. La Piel Canela tenía fotos con vestidos, recorriendo partes de Chile. Le gustaba el trekking, así que también de cerros y montañas. Entonces lo comprendí: la Piel Canela se había ido a vivir al norte de Chile, cerca de sus tierras.

Recién en ese minuto, mirando sus poses y su sonrisa, después de varios años comencé a verla con otros ojos. Ya no era como mi hermana chica, sentí interés, atracción. La Piel Canela se veía elegante, madura, profesional. Hasta los textos que acompañaban sus fotos eran interesantes.

«¿Desde cuándo es así?», me pregunté. ¿Siempre fue así o yo era ciego? Evidentemente había cambiado, pero no demasiado. Seguía estando delgada, atlética. Y su piel maravillosa seguía igual. Tenía que reconocerlo… Maldita sea, al fin puedo decirlo… ¡La Piel Canela se veía muy rica!

Después de seguirnos por Instagram, comenzó una nueva etapa de chat. Estuve casi todo ese mes escribiéndole. Fue algo muy loco y extraño. Como que la vida, después de mucho tiempo, nos daba esa nueva oportunidad.

La Piel Canela me rebeló muchas cosas. Antes era muy tímida y en un minuto creyó que le caía mal. Todavía me acuerdo y se me aprieta el corazón. Me sentí un poco mal y le dije algunas cosas que la reconfortaron. Pero lo más bacán de todo, fue cuando empezamos a enviarnos memes, documentales y música . Eran enlaces de Youtube que recordaban nuestros tiempos.

Yo estaba en mi casa o en la calle y me llegaban sus mensajes. Me alegraba caleta porque me enviaba temazos de Pulp, Joy Division, Nirvana, entre otros. Yo estaba alegre, pero no mucho. Entre nuestras conversaciones me dijo que efectivamente se había ido a vivir al norte, con su pololo que había conocido el 2011. O sea, prácticamente eran marido y mujer. Ella siempre había odiado Santiago. Aprovechó la pandemia, vendió algunas cosas y se fueron. La Piel Canela trabaja en un lugar importante y le va muy bien.

Un día, le dije medio en broma, medio en serio:

—¿Cuándo vas a venir a Santiago
—No sé. Tengo caleta de pega, pero a veces voy a ver mis viejos.
—Entonces podríamos juntarnos un día.
—Claro. Te digo si pasa algo. Ya pues, te dejo porque tengo que rellenar unos formularios. Saluditos.

Al otro día, la saludé, pero no me pescó. Esperé un día, dos… y nada. Hubo mensajes ese mes de marzo. ¿Tenía que insistir? Naaa… Entonces volvió a ocurrir: perdí interés. Además, que me pasé el rollo: la molesto con mis cosas y ella debe estar culiado con su pololo (jaja)


Julio 2026 (Instagram)

«Cómo estai pooooooo… Oye la próxima semana voy a Santiago. Viene XXXXX a Chile y no quiero perdérmelos. ¿Te tinca si nos vemos? Aprovecha de comprar tu entrada ahora, capaz que se agote»

Vi el mensaje de la Piel Canela y no cachaba qué decirle. Yo cachaba la banda, pero no me gustaba mucho. «¿Qué hago? Ya, por último para salir un rato», me dije.


DÍA DEL EVENTO – Santiago Centro

Fui al show con mi mejor pintacha. Igual estaba nervioso. ¿Hace cuanto que no veía a la Piel Canela? Saqué los cálculos y eran muchos años. ¡Desde el colegio! Era muy loco y extraño.

Mientras la esperaba en una esquina, me acordé del día que me invitó a la tocata. ¡La historia parecía repetirse! Veinte años después: una esquina, la música, una tocata. ¡Se los dije! La vida es una tómbola.

La Piel Canela no venía sola… Sí, venía con su pololo. Y no sé por qué no se me ocurrió ese pequeño gran detalle. Era muy obvio, MUY OBVIO. ¿Cómo iba a dejarla viajar sola miles de kilómetros? Ella no me dijo ni yo le pregunté. Me dio rabia, así que traté de disimular. Nos saludamos, conversamos y se me fue pasando. El tipo era agradable, calzaba con ella y se notaba que la quería. Pero igual era extraño estar al lado de ellos, tocando el violín (jajajaja) Pero bueno, intenté hacer lo mío, concentrarme en ella. ¿Lo digo o no lo digo? Maldita sea, la Piel Canela se veía muy bien. Ahhhhhhhhh… Su maquillaje, su ropa oscura.

Entramos al teatro y se me pasaron todos los males. Yo iba con poca fe, pero adentro la cosa cambió caleta. Salté, canté, huevié. Me volví a sentir un adolescente, como aquella vez en que estuvimos los dos juntos, mirando la tocata desde un rincón… Y sí, ella estaba con otro. Entonces me hice el loco, diciéndole que iba al baño, pero en realidad necesitaba espacio para pensar lo que pasaba. Allí, entre los acordes y empujones, lo supe. Cuando ella me abrazó, con 16 año y yo 17, debí haberla besado. Ese era el momento, nuestro momento. Ella era tímida y me buscó. Se los dije, ¿no? Ella entró a mi sala y me buscó. Ella venció su miedo y se plantó frente a mí, evadiendo mi grupo de amigos y me invitó a la maldita tocata. Yo no supe entender las señales. La Piel Canela lo hizo para estar conmigo. Y cuando la molestaron, salió roja corriendo… Era muy evidente y no supe leer las señales. Yo le gustaba, maldita sea. Le gustaba y no di el pase.

La tocata terminó y nos juntamos los tres casi en la entrada del teatro. Mientras los asistentes salían, yo pensé en despedirme de ellos e irme a la mierda. ¿Qué más iba a hacer? Pedir un UBER y chao pescao. Todo se había acabado. Eso quería, eso deseaba… pero no podía decírselo. Yo le miraba sus manos y su pelo. Mi amiga del colegio ahora era una adulta hermosa. Pasó por las tres etapas: larva, capullo y mariposa.

—¿Qué hacemos ahora? —dijo el pololo—.
—Vamos a tomar algo —propuso ella
—No. Yo… yo creo me voy —intenté hablar.
—Pero no te vayai po. Vamos a tomarnos algo. Yo invito. No seai fome.

Y bueno, me hice de rogar un poco y me fui con ellos, tocando el violín (jajaja)

Entramos a un local y nos sentamos a comer y beber. Los tres teníamos las orejas con el famoso zumbido. Como me dolían los pies y un poco la espalda, intenté relajarme. Igual era buena idea tomarse algo.

(Lo que ocurrió a continuación nunca lo esperé… pero la vida es una tómbola)

Conversamos, tomamos y comemos. Conversamos, tomamos y comemos. De pronto, casi al final, la Piel Canela me mira y me dice:

—Oye, hace rato te quería preguntar algo. Yo… yo te invité por una razón especial. Yo… tengo la fantasía de un trío, ¿cachai? El XXXX aceptó y por eso hablé contigo. Tú eres el único hombre que me da confianza para eso. ¿Te gustaría o no?

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Magnum44

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@Tio Tetera excelente y entretenido relato, me identifiqué mucho, viví una experiencia similar en el colegio. Gracias por compartirlo. Espero leer pronto la siguiente parte.
 
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