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La promotora y yo (segunda parte)

Tio Tetera

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Primera parte aquí: https://foro.elsilencio.cl/threads/la-promotora-y-yo.25508/

Resumen: había quedado enganchado de Valentina, una joven promotora de la marca HEINZ que apareció en mi trabajo una semana antes de Navidad. De entre todos mis colegas, se acercó a mí para que le sacara fotos promocionales y así enviárselas a su jefa. Cuando Valentina buscó la cámara en su celular, usando el banco de fotos, pude ver accidentalmente una selfi coqueta con poquita ropa. ¡Un milagro que se debe dar cada cien años!


No voy a mentir… Valentina lo tenía todo: rostro hermoso, cuerpo hermoso y hasta voz hermosa. ¿La voz? Sí, la voz. Podrá parecer ridículo, pero me gustó caleta. ¿Cómo decirlo? No era un acento extranjero. Era un tono de voz «semi-carrasposo». Me sonaba muy simpático y delicioso. Nadie podría enojarse con ella porque la dulzura de sus palabras quitaría toda la rabia. Imagínensela en la cama, gimiendo y diciendo cosas al oído… O algo más sencillo. No sé, que te regale algo y te hable como guagua. ¡Dios! La tomas de la mano y te la llevas a la camita para sacarle la ropita y darle mucho amor. Me imagino a Valentina como una locutora radial. Los radioescuchas estarían encantados con ella. ¿Y si la vieran en persona? Ayayai, no lo podrían creer. «Habla rico y es rica». ¡La perfección femenina existe!

Después de conocer a Valentina llegué a mi casa y pensé en sus palabras: «La campaña dura dos días». El primero de ellos ya había pasado y me quedaba el segundo. Y lo mejor de todo: si ella ya me había saludado, tenía altas probabilidades de volver a contactarme con ella. ¿Contactarme? Ya, sí. También de mirarle ese culo esculpido por los dioses.


DÍA 2


Llegué a mi trabajo como cabro chico enamorado. En algunas horas más llegaría Valentina, la promotora. Primero saludé y me organicé. Trabajaba tranquilo, nervioso. A veces suspiraba y me pasaba rollos. En un momento sentí que aparecían dos personas pequeñas, vestidas de ángel y diablo, a mi imagen y semejanza, sobre mis hombros.

El ángel decía algo así:
—Ya, pajarraco, si tampoco es la mejor del mundo. No pasará nada.

El diablo respondía:
—¡No le hagai caso! Es súper rica, imagínatela sentada en tu cara. Ñami ñami.

Entonces pasó una hora y luego dos. ¿A qué hora había llegado Valentina? Pasadas las 10 de la mañana. Miré mi celular: faltaba poco. Entonces esperé y esperé, siempre haciéndome el loco.


10:32

«Chuta. ¿Qué le habrá pasado? Me muero si le hicieron algo malo… Quizá estos pajarones la espantaron ayer. Puta que me da rabia… Ya, sigo esperando»-


10:43

«Valentina dónde estás… Aparece por favorcito»


10:56

Mi hora límite estaba llegando… Guardé mis cosas, triste. Igual era un poco ridículo, ¿no? Yo no la conocía. Pero la sensación de no saber qué le había pasado me abrumaba. ¿Algún accidente? ¿Algún robo? Que lata.


Antes de subir al segundo piso por mis cosas, pensé en pasar al baño. «Me refresco y me voy. Serapos»


FUE LA MEJOR IDEA DE TODAS


(Antes de seguir con mi relato quiero anticipar que el momento duró tres segundos y se quedará en mi memoria para toda la vida… Tres segundos de gloria)


Sigo…

Llegué a la puerta que daba acceso al típico pasillo que divide los baños entre hombres y mujeres. La puerta se empuja y no es contrachapada. Es de madera sólida, como las de entrada principal.

EL MOMENTO DE LA VERDAD

Estiré la mano para empujarla, pero no pude. La puerta se abrió como por arte de magia. ¿Magia? Ja. Nada de eso. ¡Era ella! Sí. ¡Justo! ¡Valentina! ¡Valentina! La promotora más rica de Chile, la de las salsas de tomate. Perfectamente vestida, con su trajecito rojo y negro. Hermosa se veía. ¡Hermosa!


1 segundo…


La miro y me mira. Sonrío y sonríe.


2 segundos…


Me quedo quieto esperando que ella pase primero, pero… ¡ella hace lo mismo!


3 segundos…


Entonces nos confundimos… ¡Pasamos al mismo tiempo!


De pronto, entre el marco de la puerta, ocurre lo que jamás esperé… Valentina, la promotora, se acomoda y me tira su trasero hermoso hacia atrás. Sí, mi compañero roza y choca contra ella, como si el maldito pasillo fuese una pista de baile.

Solo fue un segundo. ¡Un segundo! Sentí ese culo firme y redondo contra mí, como si me hubiera arrinconado una de las tantas chicas de esta páginas para luego proceder a la ducha. Un juego sensual y perfecto.

Valentina se fue a trabajar y yo entré al baño, totalmente loco. ¿Qué diablos había pasado? ¡Por qué a mí! Allí, mirándome solo al espejo, con la sangre hirviendo, apreté mi compañero contra el lavamos y le di dos embestidas, simulando el culo de ella. Me dejó ultra caliente.

Ay, Valentina, la promotora. Hablaba rico, era rica… y sabía aprovechar el momento justo en el lugar indicado ❤️
 
Última edición:

Ziggy

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Primera parte aquí: https://foro.elsilencio.cl/threads/la-promotora-y-yo.25508/

Resumen: había quedado enganchado de Valentina, una joven promotora de la marca HEINZ que apareció en mi trabajo una semana antes de Navidad. De entre todos mis colegas, se acercó a mí para que le sacara fotos promocionales y así enviárselas a su jefa. Cuando Valentina buscó la cámara en su celular, usando el banco de fotos, pude ver accidentalmente una selfi coqueta con poquita ropa. ¡Un milagro que se debe dar cada cien años!


No voy a mentir… Valentina lo tenía todo: rostro hermoso, cuerpo hermoso y hasta voz hermosa. ¿La voz? Sí, la voz. Podrá parecer ridículo, pero me gustó caleta. ¿Cómo decirlo? No era un acento extranjero. Era un tono de voz «semi-carrasposo». Me sonaba muy simpático y delicioso. Nadie podría enojarse con ella porque la dulzura de sus palabras quitaría toda la rabia. Imagínensela en la cama, gimiendo y diciendo cosas al oído… O algo más sencillo. No sé, que te regale algo y te hable como guagua. ¡Dios! La tomas de la mano y te la llevas a la camita para sacarle la ropita y darle mucho amor. Me imagino a Valentina como una locutora radial. Los radioescuchas estarían encantados con ella. ¿Y si la vieran en persona? Ayayai, no lo podrían creer. «Habla rico y es rica». ¡La perfección femenina existe!

Después de conocer a Valentina llegué a mi casa y pensé en sus palabras: «La campaña dura dos días». El primero de ellos ya había pasado y me quedaba el segundo. Y lo mejor de todo: si ella ya me había saludado, tenía altas probabilidades de volver a contactarme con ella. ¿Contactarme? Ya, sí. También de mirarle ese culo esculpido por los dioses.


DÍA 2


Llegué a mi trabajo como cabro chico enamorado. En algunas horas más llegaría Valentina, la promotora. Primero saludé y me organicé. Trabajaba tranquilo, nervioso. A veces suspiraba y me pasaba rollos. En un momento sentí que aparecían dos personas pequeñas, vestidas de ángel y diablo, a mi imagen y semejanza, sobre mis hombros.

El ángel decía algo así:
—Ya, pajarraco, si tampoco es la mejor del mundo. No pasará nada.

El diablo respondía:
—¡No le hagai caso! Es súper rica, imagínatela sentada en tu cara. Ñami ñami.

Entonces pasó una hora y luego dos. ¿A qué hora había llegado Valentina? Pasadas las 10 de la mañana. Miré mi celular: faltaba poco. Entonces esperé y esperé, siempre haciéndome el loco.


10:32

«Chuta. ¿Qué le habrá pasado? Me muero si le hicieron algo malo… Quizá estos pajarones la espantaron ayer. Puta que me da rabia… Ya, sigo esperando»-


10:43

«Valentina dónde estás… Aparece por favorcito»


10:56

Mi hora límite estaba llegando… Guardé mis cosas, triste. Igual era un poco ridículo, ¿no? Yo no la conocía. Pero la sensación de no saber qué le había pasado me abrumaba. ¿Algún accidente? ¿Algún robo? Que lata.


Antes de subir al segundo piso por mis cosas, pensé en pasar al baño. «Me refresco y me voy. Serapos»


FUE LA MEJOR IDEA DE TODAS


(Antes de seguir con mi relato quiero anticipar que el momento duró tres segundos y se quedará en mi memoria para toda la vida… Tres segundos de gloria)


Sigo…

Llegué a la puerta que daba acceso al típico pasillo que divide los baños entre hombres y mujeres. La puerta se empuja y no es contrachapada. Es de madera sólida, como las de entrada principal.

EL MOMENTO DE LA VERDAD

Estiré la mano para empujarla, pero no pude. La puerta se abrió como por arte de magia. ¿Magia? Ja. Nada de eso. ¡Era ella! Sí. ¡Justo! ¡Valentina! ¡Valentina! La promotora más rica de Chile, la de las salsas de tomate. Perfectamente vestida, con su trajecito rojo y negro. Hermosa se veía. ¡Hermosa!


1 segundo…


La miro y me mira. Sonrío y sonríe.


2 segundos…


Me quedo quieto esperando que ella pase primero, pero… ¡ella hace lo mismo!


3 segundos…


Entonces nos confundimos… ¡Pasamos al mismo tiempo!


De pronto, entre el marco de la puerta, ocurre lo que jamás esperé… Valentina, la promotora, se acomoda y me tira su trasero hermoso hacia atrás. Sí, mi compañero roza y choca contra ella, como si el maldito pasillo fuese una pista de baile.

Solo fue un segundo. ¡Un segundo! Sentí ese culo firme y redondo contra mí, como si me hubiera arrinconado una de las tantas chicas de esta páginas para luego proceder a la ducha. Un juego sensual y perfecto.

Valentina se fue a trabajar y yo entré al baño, totalmente loco. ¿Qué diablos había pasado? ¡Por qué a mí! Allí, mirándome solo al espejo, con la sangre hirviendo, apreté mi compañero contra el lavamos y le di dos embestidas, simulando el culo de ella. Me dejó ultra caliente.

Ay, Valentina, la promotora. Hablaba rico, era rica… y sabía aprovechar el momento justo en el lugar indicado ❤️
Estos son relatos eróticos, con rojo y negro (nada de ese gris sombrío que se puso de moda hace unos años) 😅
 

Suppa

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Buen relato, colega! Se lee rápido y lo lleva a uno sin problemas por la historia 👍

Ojalá haya un tercer encuentro con esa promotora 😉
 

Delsur

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Espero pronto la tercera parte! buena redacción colega! Esta muy entretenido ajaja

Saludos
 

Ziggy

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Rojo y negro son los colores que usted describe en el vestuario de Valentina.
Hace unos años se puso de moda 50 sombras de Grey (referencia a “gris sombrío”) 🥁
(Gracias, gracias… no se molesten)🙃
 
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