• Ahora tendrás la oportunidad de ingresar a nuestro foro privado y contar con mayor información, por favor lee las bases AQUÍ.

La Oficina

Registrado
11/3/17
Mensajes
1
Likes recibidos
0
Puntos
11
Daisy sabía que su jefe la miraba con deseo. Lo había descubierto observándole el trasero en más de una ocasión, aunque él no era el único, por cierto. Ningún hombre se resistía a mirarla cada vez que ella pasaba por la oficina. Su cuerpo frágil y pequeño (medía apenas 1.50 mts), su piel blanca, su trasero redondo que sobresalía hipnotizante; todos la querían poseer pero ella era una mujer casada y amante de su marido. Lamentablemente él trabajaba fuera de la ciudad durante la semana lo que le hacía subir su temperatura durante esos días esperando hasta que éste volviera, como era justo el caso durante esa semana. Ese viernes era el día en que él volvía y Daisy, para darle una sorpresa, pues él ya estaría ahí cuando ella llegase a casa, había decidido ir más sexy de lo normal a la oficina. Aún más sexy. Además de su blazer y su blusa algo escotada, llevaba una falda de tubo negra, muy apretada, hasta un poco más arriba de sus rodillas y zapatos de taco negros con una delgada correa rodeando sus tobillos. Pero era debajo de su ropa de trabajo que escondía lo mejor: unas ligas negras que cubrían todas sus piernas y acababan justo debajo de sus nalgas, las que apenas eran cubiertas por un calzón blanco de tiritas que iban amarradas a ambos lados de sus caderas. Ella sabía que esa imagen lo enloquecería.Claro que no contaba con que sentir aquellas prendas durante todo el día en su cuerpo fueran aumentando su calor y su morbo esperando lo que vendría.
Volvió a echar un vistazo a su jefe y éste la estaba mirando también. Le preguntó algo respectivo al trabajo para desviar la atención y continuó con su trabajo. Era un viejo repugnante, para ella, cerca de sus 60 años,gordo y algo calvo, de manos grandes y velludas. Muchas veces odiaba cuando la miraba así, pero otras pocas veces no. La verdad era que ella era una mujer caliente y en la soledad de su hogar, por las noches, le gustaba imaginar que un hombre como su propio jefe forzaba la puerta de entrada y se metía en su dormitorio donde ella dormía desnuda. A veces, cuando estaba muy caliente –como entonces– lo pensaba en su escritorio mientras trabajaba. Pero ésas eran sólo imágenes vagas. Lo cierto era que cada vez que lo veía se reprochaba el hecho de haber imaginado tal cosa. Era repugnante, no lo volvería a hacer.
Justamente estaba sumida en esos pensamientos cuando se dio cuenta deque nadie más había en la oficina salvo ella y ese viejo asqueroso.Cómo lo detestaba.
Para evitar su presencia y esas miradas lascivas, decidió ir a buscar unos archivos a un pequeño cuarto al otro lado de la oficina. Para su disgusto tuvo que pasar frente a su escritorio donde pudo notar cómo él la siguió con la mirada descaradamente.
«Viejo patético», pensó antes de entrar al pequeño cuarto y prender la luz. Lo cierto era que necesitaba estar a solas puesto que tantas miradas durante la mañana, sumado a la espera por ver a su marido,habían humedecido su entrepierna más de lo normal por lo que requería respirar hondo y relajarse un poco.
Ahí estuvo apenas unos minutos antes de sentir que la puerta se habría detrás suyo y observar a su jefe parado justo detrás de ella.
—¿Todo bien?–le preguntó su jefe antes de que Daisy se diera vuelta para evitar que éste le siguiera mirando el culo descaradamente.
—Sí, sólo vine por unos… ¡Mmmmm! –Ese viejo, sin previo aviso, le había tapado la boca con sus manos asquerosas y se había abalanzado sobre ella, pasando esa lengua caliente por su cuello y mejillas,respirando agitado como un animal mientras ella trataba de apartarlo con sus débiles brazos infructuosamente.
Así estuvieron por unos minutos, forcejando, hasta que ese viejo feo y gordo la tomó
de las muñecas y acomodó sus brazos a ambos lados de su cabeza,pegados contra la pared, controlándola totalmente. Ahora que su boca estaba liberada podría gritar pero nadie había para oírla. Ese viejo canalla la había tomado en el peor momento. Debía pensar rápido antes que…
—Ahhh… -la boca de su jefe estaba sobre su cuello nuevamente. Esta vez succionando como un vampiro. Su lengua y sus dientes atacándola en una de sus partes más sensibles. Pero sólo en una de tantas que había en su cuerpo-. Ahhh… -seguía la pobre Daisy mientras apretaba sus muslos instintivamente, como sabiendo lo que vendría.
Más minutos pasaron de esa manera hasta que sin casi darse cuenta su blusa había sido desabotonada. Había sido cosa de segundos. ¿En qué momento sus manos habían quedado libres que no lo había notado? Lo suficiente como para que ese degenerado la abriera por completo.Quiso reaccionar pero era demasiado tarde. De nuevo sus muñecas eran prisioneras y ahora su jefe atacaba sus senos. Bajaba la tela de su sostén de encaje con sus dientes y succionaba sus tetas con fuerza,con desesperación.
—Ahhh, ahhh-Daisy ya estaba perdida. No sabía qué hacer. Cómo reaccionar. Trataba de soltarse pero era demasiado débil. Movía su torso de un lado a otro pero eso sólo parecía calentarlo más y más. Sus tetas salían por encima de sus sostenes y sus pezones se endurecían cada vez más producto de la estimulación que provocaba esa lengua viscosa y caliente sobre ellos. Era tiempo de gritar. Alguien la escucharía. De otra oficina al menos. Lo mejor era… -Mmmpff…mmmpff…-La lengua de su atacante se apoderaba de su boca semiabierta. Qué tonta había sido al demorar tanto en gritar.Necesitaba defenderse; la única manera era usar su lengua para expulsar a su invasor. Sentía el aliento caliente dentro de sí. La cara de ese viejo cobarde frente a ella. Era asqueroso pero a la vez,de alguna forma, la inhabilitaba. Trataba de empujar la lengua de su jefe con la suya propia y era una lucha dentro de su boca- Mmmpff… mmmpff…-seguía el combate mientras Daisy movía sus caderas y sentía su entrepierna humedeciéndose cada vez más. Podía sentir el grueso bulto bajo ese pantalón, pegándose a ella, palpitando,creciendo a cada segundo. El morbo se apoderaba de ella. Más que la razón.
Luego, lo inevitable; El hombre tomó a Daisy de las caderas y la giró para dejarla de cara contra la pared. La perpleja joven no reaccionó y en un dos por tres la ajustada falda estaba sobre su cintura.
¡Qué maravilla era lo que veía aquel viejo desgarbado! La ligas negras que cubrían todas las piernas acababan justo donde empezaba esa exquisitez de culo. Nalgas blancas y redondas apenas cubiertas por esas tiritas que no podían ser llamados calzones. ¡Qué putita tenía en frente!
—Don Manuel,no debería… ¡Ahhh! –Sin pensarlo, su jefe desató el nudo derecho de sus bragas en un segundo. El nudo izquierdo en otro ya que llas tiras quedaron afirmadas apenas por su jugosa entrepierna.Don Manuel tomó los hilos que habían quedado colgando y los tiró hacía arriba, permitiendo que sus calzones de deslizaran por su conchita hacia arriba, pasando entre las nalgas deliciosas de esa putita-. Ahhh… -La muy zorrita volvía a gemir al sentir la tela de sus bragas pasar entre sus labios y sus nalgas-. Había soñado por meses con esa imagen; el culo de su secretaria sólo para él. Sintió los jugos calientes en sus manos empapando las pequeñas bragas de aquella muchacha que por tanto tiempo se le había insinuado. Ahora tendría lo que se había buscado aquella zorrita calienta vergas.
Se acercó hasta que sus cuerpos quedaron pegados y comenzó a apretar las nalgas de su secretaria. A amasarlas y a separarlas con ambas manos como si fueran su nuevo juguete. Una vista exquisita, perfecta. Se agachó y con la cara a la altura de sus nalgas, las separó y empezó a pasar su larga lengua justo por el ano de aquella putita inconsciente. La punta quedaba justo en la entrada y la movía con experiencia haciendo que su secretaria moviera sus caderas de un lado a otro en un vano intento por liberarse de aquel ultraje tan humillante.
—Don Manuel,no…
«Ya no eres tan engreída, putita», pensaba Don Manuel sin apartar la lengua de su ano. Aunque ahora también aprovechaba la extensión de esta para juguetear con los labios de esa conchita que botaba y botaba deliciosos jugos para su deleite. Tantos que éstos caían por el interior de sus muslos como si fuera una adolescente que recién descubría el placer que da una lengua ajena.
Don Manuel, yo…¡Ahhh! –sus nalgas eran azotadas por las fuertes manos de aquel jefe tan degradante. Qué error había sido el ir vestida de esa manera ese día. Sus calzones tan pequeños la habían estimulado durante todo el día lo que no le había permitido pensar bien al momento de defenderse. Ahí estaba convertida prácticamente en una prostituta. Sin contrarrestar nada. Sentía las manos de ese viejo asqueroso en sus nalgas, grandes y toscas, pero pensar en eso sólo la calentaba más. Aquel viejo repulsivo abría sus nalgas y lamía su ano como si ella le perteneciera lo que la doblegaba aún más.Trataba de resistirse pero ahora era su cuerpo el que mandaba. De pronto sintió cómo tomaba su falda y la bajaba hasta el suelo. Él mismo le tomó los tobillos e hizo que los levantara para deshacerse de la falda totalmente arrojándola a un lado. Ahora sus ásperas manos estaban en su entrepierna. En su conchita jugando con sus labios e introduciendo sus dedos poco a poco dentro de ella, con facilidad. Sí que era una prostituta por dejarse hacer eso de un vil viejo inmundo. Lo sintió ponerse de pie.
—Don Manuel,usted es un canalla, un… ¡Ahhh! –le arrancaba la blusa y los sostenes con una facilidad que la asustaba. Como si lo hubiese hecho millones de veces. Ahora sí que debía verse como una puta de primera. Apenas con sus ligas negras y sus tacones. Había pensado quedar así ese día pero no para ese viejo sucio. No para él. Tenía mucho calor. Sentía una gota de sudor caer por su espalda hasta internarse en sus nalgas. Su cuerpo se calentaba al máximo y podía ver sus tetas cubiertas por pequeñas gotitas de sudor. Hasta en eso su cuerpo la traicionaba. Todos esos detalles sólo la hacían verse como una presa más fácil aún.
—No siga…
Oyó la cremallera de su pantalón. Sabía lo que venía. Separó sus nalgas con fuerza y puso aquel miembro caliente entre ellas, pasándolo de arriba abajo, como dejándolo conocer su nuevo patio de juegos. A su paso dejaba un rastro de líquidos viscosos y calientes los que caían lentamente por su culo hasta su conchita muy a su pesar. La afirmó de las caderas y comenzó un vaivén de adelante hacia atrás,haciendo que el largo de su gruesa verga pasara por toda su conchita preparándola para lo que vendría.
—Ahhh, ahhh,ahhh –su cuerpo ya la había abandonado por completo. Sus gemidos se hacían incontrolables al sentir aquel miembro masivo jugando con ella. Ese viejo la había tomado del pelo y lo jalaba hacia atrás creando una curva en su espalda que le hacía parar aún más el culo para el complacencia de su abusador. Ella misma, en un acto reflejo,había abierto un poco más sus piernas para que aquel invasor hurgara por sus rincones con mayor facilidad.
—Siempre supe que eras una putita –lo oyó susurrarle al oído.
—Ahhh, ahhh,ahhh –ella sólo gemía. Sentía la punta de su verga preparándose para penetrarla al fin. Ella movía sus caderas de un lado a otro como un último recurso, con sus manos apoyadas contra la pared. No había escapatoria. Se había entregado. Aquella verga apuntaba justo en la entrada de su conchita hasta que…
Ruidos. Afuera.Puertas que se abrían. Risas. Su jefe se apartó con prisa. Se arregló la ropa y salió del cuarto. Daisy quedó unos segundos en la misma posición. Incluso movía el culo casi sin notarlo como si todavía su atacante estuviese atrás. Tomó su ropa y se vistió con rapidez. Después de todo, aquello sólo la había hecho desear más lo que vendría a la noche.
Para Don Manuel,era sólo el principio. Si aquella putita se presentaba a trabajar mañana, ya sabría lo que le esperaba.
 

Altiro

Newbie
Registrado
5/10/16
Mensajes
17
Likes recibidos
10
Puntos
14
Gran relato drunken Buddha yo tambien trabajo en una oficina y muchas de mis compas estan tremendas ojala algun dia...
 
Arriba Pie