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La escaladora sumisa

alfonso50

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Santiago de Chile es una ciudad bien posicionada para quien le gusta hacer deportes en la naturaleza. En una o dos horas a la redonda puedes llegar a distintos lugares para practicar montañismo, escalada en roca, senderismo, parapente, entre otros. Soy Alfonso, tengo 30 años y desde mi paso por la Universidad quedé unido al deseo de pasar tiempo en la montaña. Donde más destaqué fue en largas expediciones de alta montaña, que requerían de tiempo de planificación y ejecución para pasar cada año algunas semanas fuera de casa buscando diversas cumbres de Chile o de países vecinos. Siempre amigos y amigas me decían que debía enseñarles a comenzar a practicar montañismo, por lo que cada cierto tiempo realizaba invitaciones a salidas enfocadas en principiantes a los cuales invitaba a todos los que me habían pedido participar. Por lo general también llegaban conocidos de los que invitaban, quienes al enterarse que su amigo/a iba a asistir a estas salidas no dudaban en apuntarse. Para mi esto era una muy buena ocasión para conocer gente nueva, y para ser honesto, una buena fuente de conquistas, debido a que durante estas salidas uno se mostraba como el líder nato o el macho alfa del grupo.

Si bien nunca fui un muy buen escalador en roca, solía realizar ese tipo de salidas, ya que involucraban menos tiempo, los lugres suelen ser de más fácil acceso y a todos les fascina subir unos cuantos metros amarrados en una cuerda y sacarse miles de fotos pretendiendo ser escaladores profesionales para luego subirlas a Facebook. En muchas ocasiones más que dedicarse a la escalada, era más bien una sesión de fotos constante con buena dosis de camaradería, y fue en ese contexto cuando conocí a Valentina.


Valentina había llegado como invitada de una amiga que sintiéndose atraída por la idea de escalar en roca quiso intentarlo. Nos juntamos un grupo de seis personas un sábado a las 8 am y fue cuando la vi por primera vez. Ella medía 1.70 mts aproximadamente, cabello trigueño casi rubio, tez clara y una sonrisa que cautivaba. Iba vestida con unas calzas ajustadas de colores brillantes que hacía notar una piernas tonificadas y una polera suelta sobre un peto con un escote muy interesante, pero que lamentablemente el largo de la polera le tapaba su trasero. Nos dividimos en dos autos y aproveché de llevar conmigo a mi amiga junto a Valentina.


En menos de dos horas nos encontrábamos ya bajo la roca, y para nuestra fortuna sólo nos encontrábamos nosotros en el lugar, lo que nos permitía harta movilidad y tiempo para subir las vías de principiantes. Comencé dando instrucciones generales, mostrando el equipo que íbamos a utilizar para luego comenzar a "equipar" las rutas que íbamos a utilizar. Esto consiste en subir primero con la cuerda colgando hasta arriba para asegurarla y bajar para que todos puedan subir seguros. Esta maniobra además, te permitía lucir de inmediato frente a todo el grupo que se encontraba concentrado mirándote, ya que ibas con destreza y soltura subiendo esa pared vertical, algo que después harían ellos con mucho menos gracia y demorándose una eternidad en subir esos 10 metros. Ya habiendo equipado las rutas, comencé a hacer subir uno por uno a los asistentes, dejando en último lugar a Valentina a modo de que se sintiera cómoda con haber observado el nerviosismo de los demás.


Hasta ese minuto mi atracción hacia Valentina era algo basado en su buena apariencia y simpatía. Internamente estaba intrigado por ver su trasero desde una vista privilegiada mientras ella escalaba, conmigo abajo con el afán de darle instrucciones y asegurarla con la cuerda, sin embargo un hecho particular ocurrió que hizo que todo girara hacia una dirección aún más interesante. La llamé para que se acercara, ya que correspondía su turno de escalar.


- "Vale, es tu turno. Te noto algo ansiosa." Le dije.


- "Sí, el nerviosismo me mata." Me respondió.


- "Tranquila. Ya viste a todos los demás y a nadie le pasó nada. Aparte con esto tendrás unas muy buenas fotos para tu Facebook". Buscando sacarle una sonrisa y calmarla.


- "Bueno, al menos le tengo harta confianza a quién nos está guiando". Me dijo con una sonrisa.


- "Perfecto, ahora todo será culpa mía jajaja. Déjame ayudarte a colocar el arnés, que suele ser algo difícil sin la costumbre"


Los arneses de escalada tienen dos lazos llamados perneras que se colocan rodeando los muslos y se posicionan bajo el trasero. Poseen unos broches para ajustarlos al perímetro del muslo, ubicado muy cerca de la entrepierna. Me agaché para ayudarla con ajustar las perneras y cuando me encontraba ajustando el segundo lazo ella se desequilibra un poco y sin intención mis dedos presionan la tela de su calza, por el lado interior del muslo, algo muy sutil pero excitante. Noto que ella tiene un escalofrío breve y creí escuchar un suspiro casi ahogado, que incluso me hizo dudar si era producto de mi imaginación. Me levanto lentamente y pude apreciar de reojo como sus pezones estaban marcados en su peto, y al mirarla a lo ojos noté sus pupilas dilatadas. Inmediatamente ella baja la mirada con gesto de timidez y yo le indico que está lista para comenzar a escalar. En ese minuto supe que la había una tensión sexual mutua, y que era necesario explorarla.


Es necesario decir que yo iba con un short deportivo y que esta situación avivó mi instrumento en cosa de segundos. Los arneses para estas situaciones hacen que en los hombres se les resalte mucho la entrepierna, haciendo muy difícil disimular la erección. Afortunadamente como todos los demás ya habían escalado la primera ruta, se encontraban motivados en una conversación a unos cuantos metros alejados de nosotros, aprovechando de comer y hidratarse. Valentina al ser la única cerca, no pudo evitar disimuladamente mirar como mis 18 cms se marcaban -poco sutilmente- en mi vestimenta.


Comenzó a escalar la ruta, y yo al igual que con el resto, empecé a darle instrucciones para que subiera de la mejor forma. La curiosidad me fue ganando y con la intención de verla bien desde mi posición privilegiada, comencé a dar instrucciones que buscaban verla en posturas sensuales para fantasear un poco.


- "Mira, ahora quiero que utilices tu pie derecho y lo lleves bien afuera para que llegues a ese agarre". Le dije, con la intención de verla con las piernas bien extendidas y además saber que tan bien lograba estirarse.


- "Así está bien?". Mirándome de forma muy especial.


- "Sí le dije"


La verdad es que estuve viéndola subir fascinado con las posturas que lograba, siguiendo siempre a pie de la letra mis instrucciones. Tenía facilidad para escalar y al poco tiempo ya se situaba arriba en el final de la ruta. Se escucharon unos aplausos lejanos del grupo que seguía en su conversación. Para descender le grité:


- "Quiero que te sueltes de la roca, sujetes la cuerda con ambas manos y alejes tu trasero lo máximo posible de la roca, con las piernas perpendiculares a la pared, tal como se ve en las películas"


Ella se colocó respingando su trasero, casi de forma un poco exagerada a propósito, y la comencé a bajar hasta que tuve ese cuerpo a pocos centímetros de mi cara, contemplando esa maravilla de mujer.


El resto del día transcurrió así, hacía subir rápido a todo el grupo por otras rutas y me deleitaba ver subir a Valentina siguiendo mis instrucciones. Cuando ya eran las 4 pm y el grupo agotado quiso regresar a Santiago y eso hicimos. Llegamos a nuestras respectivas casas, y yo antes de ir a la ducha noto en mi teléfono que ella me había agregado como amigo a Facebook.


En cosa de horas nos pusimos a conversar por chat, jugando uno con el otro respecto a la ducha que cada cuál se dio, de lo agradable que es relajar los músculos cansados con agua caliente sobre tu cuerpo. Se notaba la tensión sexual y había indicios de que acá pasaría algo. Le comenté que me parecía que tenía muy buenas dotes de escaladora y que debiésemos ir a escalar juntos la próxima vez para aprovechar mejor el tiempo. Ella aceptó y quedamos de ir el sábado entrante. No es necesario decir que esa semana se me hizo eterna, pero la conversación frecuente por chat con ella que llevaba cierto grado de picardía hacía la espera algo más llevadera.


Llegado el sábado la pasé a buscar. Iba vestida de tenida de deporte, pero con un short bien ajustado a su trasero y un peto que hacía que sus tetas fuesen de una diosa griega. Traté de mantener la compostura, aunque esa vestimenta lo hacía difícil, y así partimos al mismo lugar que la semana pasada. Nuevamente la fortuna estaba de nuestro lado y no había nadie en el sector. Tratamos de seguir la misma dinámica, por lo que la ayudé con el arnés, salvo que en esta oportunidad intencionadamente posé mis dedos en sus muslos para sentir su piel y se notó como eso logró erizar su piel. Luego ella escaló siguiendo todas mis indicaciones y pude verla con esos short en todo su esplendor. Al descender ella voluntariamente se echó para atrás colocando su trasero en todo mi paquete, el cual ya se encontraba en su máxima expresión. No pude evitarlo más y la giré bruscamente para besarla.


Los besos fueron con mucha pasión y al estar solos en la naturaleza nos hizo que toda la situación se calentara muy rápido. Le agarré fuertemente el trasero e hice que saltara encima mío aprisionándome con sus piernas, y así se sentía como mi miembro la excitaba sobre la ropa. Luego la bajé, la giré y la apoyé contra la roca fría, y con mis manos fui en búsqueda de su vulva, la cual estaba empapada. Con dos dedos empecé a estimular el clítoris, acelerando y realizando movimientos circulares y pude observar como su orgasmo se aproximaba. Sus piernas tiritaban buscó apoyar toda su cara contra la roca para contener el orgasmo junto con el gemido. Unos segundos para recuperar un poco el aliento y se giró para agarrar mi miembro sobre mi short, mordiéndose los labios de una forma extremadamente excitante. Fue en ese instante cuando oímos unas voces a lo lejos de otros escaladores que se acercaban. Nos miramos, tratando de decidir si dejábamos esto pendiente y seguíamos en la dinámica de la escalada o si nos largábamos velozmente de allí. El sentido común nos hizo recoger todo y volver al auto.


En el sendero de regreso nos pillamos con los escaladores que venían subiendo, y nos preguntan que nos ha pasado que regresábamos de la roca tan temprano, a lo que respondimos que estúpidamente se nos había quedado un arnés en casa y debíamos ir a buscarlo. Llegamos al auto, nos subimos y en segundos íbamos ya camino a mi departamento para acabar lo que comenzamos.


Mientras manejaba, comencé a tocar su entrepierna por sobre el pantalón, para mantenerla excitada y ella hizo lo mismo conmigo. Entonces pensé "¿No será que es buena siguiendo instrucciones en otras cosas aparte de la escalada?" Por lo que aprovechando que en la carretera casi no había gente para comenzar un juego.


- "Quiero que saque mi pene". Le dije a secas.


Ella sólo me miró con curiosidad y lo hizo, dejando toda la extensión de mi miembro fuera. Comenzó a realizar una paja lenta para mantenerme a tope.


-"Ahora quiero que te lo metas a la boca". Buscando ver si seguía aún mis indicaciones.


Se mojó los labios y se inclinó para empezar a mamarla. La agradable sensación de su boca con un buen uso de su lengua, sumado a la velocidad de ir en carretera hacía de la situación algo extremadamente excitante. Por mi parte seguí con el juego.


-"Voy a empezar a acelerar de a poco y quiero que tu hagas lo mismo. Debes lograr hacer que me corra, si no seguiré acelerando hasta que se vuelva muy peligroso para ambos"


Ella sólo miró hacia mi sin sacárselo de la boca, sorprendida, pero excitada y comenzó con un trabajo profesional de boca y manos. Yo por mi parte empecé a acelerar muy poco, pero constante, buscando esa mezcla de velocidad, riesgo y placer. Pasó un par de minutos y yo no daba más.


-"Me voy a correr!"


Sin recibir la instrucción, recibió toda mi leche en su boca. Obedientemente tragó y evitó que nada se desperdiciase. Una corrida monumental había inundado toda su boca. Yo por mi parte solté el acelerador y empecé a relajarme mientras la velocidad descendía a límites aceptables.


-"Veo que eres muy buena siguiendo instrucciones, creo que esto va a llevar a que la pasemos muy bien." Le mencioné.


-"Sí las instrucciones vienen de ti, no tengo cómo no obedecerlas". Me contestó


Esas palabras calaron hondo en mi mente y millones de perversiones vinieron a mi cabeza.


- "Quiero que te saques el top y muestres tus senos a todos los camioneros que vienen en sentido contrario". Y así lo hizo. A pesar de que no había mucho tráfico, la situación era morbosa y algunos conductores la vieron sonriente y nos saludaban con fuertes bocinazos. Ya la idea de terminar en el departamento desapareció completamente.


Me detuve en una salida muy poco transitada, pero aún cerca de la carretera. Era de mañana todavía, así que había luz suficiente para vernos por alguien que pudiese estar cerca.


- "Ahora, termina de desnudarte. Quiero que sólo te quedes con las zapatillas puestas". Le mencioné.


- "Sí amor" me dijo. Y con mucha sensualidad se sacó el short y el colaless que llevaba, quedando desnuda en el asiento del copiloto. Yo por mi parte abrí mi puerta.


- "Quiero que bajes, rodees el auto y te arrodilles por mi lado de la puerta". Le dije. Me miró con cara de duda, pero pronto tomó su rol y se bajó, pudiendo quedar a la vista de cualquiera que se encontrase cerca. Caminó lentamente, marcando la sensualidad de su cuerpo, y a mi lado se arrodilló.


-"Ahora quiero que me la comas de nuevo para lubricarla". Y comenzó con los movimientos de cabeza volviéndome loco otra vez. Yo estaba muy excitado y miraba por los espejos por si alguien se acercaba. Luego le pedí que hiciéramos una cubana con sus preciosas tetas y fue una imagen impresionante que aún recuerdo siempre. Y ya empecé a sentir la necesidad de penetrarla. Hice que se parara y se apoyara contra el auto y yo me coloqué detrás. Con mi pene en la entrada de su vulva le dije:


- "¿Vas a dejar que te penetre sin contemplaciones?"
- "Siiiii."
- "¿Seguirás obedeciendo todo lo que te diga?"
- Siii. Respondía ella.
- "Aunque a veces eso signifique que sólo estés para mi placer y no para el tuyo?"
y escuché ese "Siiiiiiii" largo que tenía tanto significado de fondo.


Se la clavé con fuerza, y ella se empezó a derretir con su cuerpo pegado al mío. Movía sus caderas de forma muy coordinada y hacía que yo llegase bien al fondo. Le tiré el pelo y vi como sus pezones se apretaban contra la ventana del auto. El placer nos tenía dominados.


Sentí como su vagina se empezaba a contraer y sus piernas a tensar.


- "Aún no te puedes correr. No te lo he indicado. Debes esperar que yo también me corra" Y ella sólo respondió con una respiración más entrecortada. A mi tampoco me quedaba mucho, así que aceleré las embestidas, comencé a darle más duro y le dije al oído mientras me corría:


. "Ahora acaba, puta". Seco, determinante, y fueron el gatillo en su mente para que comenzaran sus espasmos y terminara en un gran orgasmo.


Entramos al auto, muertos de calor y llenos de sudor. Vimos si nadie había visto nuestra escena. Yo ya deseaba más cosas con ella, incluyendo debutar ese hermoso culo.


Fue ese día que comenzó una gran serie de ocasiones de buen sexo. Ahí comenzó la historia de Valentina, la escaladora sumisa.
 

Panchitomario

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Excelente experiencia estimado, muy obediente la niña esa...
 
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