Fácil_de_decir
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https://santiago.elsilencio.cl/escorts-vip/hentay-5a9cb41bbe4dd
Nivel de empote: 0%, vacunado como dicen
Llamada: buena onda, todo claro
Ambiente: N/A, fuimos a un motel
Higiene: limpia
Atención: dedicada, caliente, natural
Cara: rica, no aguanto verla 5 segundos sin deborarla
Besos: me chupó el alma
Tetas: ricas, delicadas
Cuerpo: armoniosa, maniobrable, rica
Poto: un deleite
Oral: bueno, s/c, hace la araña, uff
Sapito: adictivo
Pélvicos: punto fuerte, las mejores cabalgatas que me han hecho
Anal: N/A, mala mía, no pregunté antes
Precio: invaluable, Dios la cuide
Duración: como que nos anduvimos pasando un poco pero no le importó
Relato:
Hace tiempo quería conocer a Hentay pero no se me había dado la oportunidad, miércoles en la noche entro a esta página, vuelvo a verla publicada, la agrego a Whatsapp, le hablo al otro día a la primera hora prudente y quedamos de vernos a las 19 horas, pero con un detalle, su departamento no tenía luz ni agua ese día, así que tendríamos que ir a un motel, entonces le pedí dos horas para aprovechar el viaje y bien, pensé, estaríamos en territorio neutral, me asustaba un poco que me hiciera tira, la espero abajo de su edificio, baja a mi encuentro con uniforme de civil, blusa, chaqueta, jeans y zapatillas, rica y linda, me saluda de beso en la cara, me toma la mano y me dejo llevar, es natural y simpática, mucho más simpática de lo que esperaba, tomamos un taxi, en el trayecto me susurra al oído, ya me tenía caliente, llegamos al motel y mientras la tía del aseo nos mostraba las piezas disponibles, me come a besos, Hentay, no la tía del aseo, besos con lengua, babosos, con agarrones, ya me daba lo mismo la pieza, podríamos haberlo hecho ahí mismo, o en el taxi, o en la calle.
Entramos a una pieza rosada llena de espejos, pide dos cervezas y continuamos con los besos, caemos a la cama, ella abajo, mordiscos, manoseadas, más lengua, más saliva, teníamos que bañarnos, nos costó despegarnos pero lo conseguimos, le digo que se bañe ella primero y yo recibo las cervezas, (llegan las cervezas, sirvo los vasos y me doy cuenta, "ella pensará que le eché algo a la cerveza, no tiene por que confiar en mí", y así fue, eso pensó, irrelevante al relato pero buena lección, lado bueno, tomé dos cervezas), sale del baño envuelta en una toalla, se sienta a mi lado y me muerde una oreja, mi turno de bañarme, lo hago, salgo en toalla también, me advierte que se corre a chorros, me acerco a ella, vuelan las toallas y empezamos.
Nos comemos de pie como si fuera lo único que importara en la vida, entre la calentura caemos a la cama y seguimos comiéndonos, entre mordiscos nos masturbamos, su coneja como la llama, estaba empapada, clásico; bajo de su boca besando su cuello, chupo sus tetas, bajo por su estómago hasta llegar a degustar sus fluidos, sabor ácido con un toque dulce, sabroso, lo embotellaría para echarle a la ensalada de repollo en mi casa, recorro sus labios con mi lengua, la penetro con la lengua, chupo sus labios, introduzco dedos, chupo su clítoris y recibo en mi boca el primero de incontables chorritos que me depararía la noche, su vagina y ano se comprimen y eyacula emitiendo un simpático y característico sonido, con razón los onomatopéyicos gringos lo llamaron squirt, se levanta y se pone en cuatro como invitándome a saborear su piedrazo en vidrio, rico también con un toque de amargor, lo beso, lo lamo, le meto la lengua en el ano y en la vagina intercaladamente, entretenido como cabro chico con juguete, se levanta, se pone de pie junto a mí, se ríe de mi cara mojada, me besa y me devuelve la mano haciendo arcadas con mi miembro reproductor masculino, vuelve a besarme y me dice que no debería hacer lo que está por hacer porque está un poco mareada, pero que tiene que hacerlo conmigo, así que la ayude afirmándola, me da la espalda, se curva hacia atrás y con la boca abierta, como buscando una manzana de la gincana, me la chupa al verre, termina, se recompone, me mira y dice que no puede evitarlo, que es muy rico, y vuelve a hacerlo, (chupada al verre)2 , se levanta y se pone en cuatro apoyada en una silla que está al rincón de la pieza, vuelvo a saborear sus orificios, saqué abdominales de lengua, nos acercamos a la cama, busca un condón y vuelve a chuparla, me coloca el condón con la boca, otro clásico, se pone en cuatro sobre la cama y entro por primera vez, ambos hervíamos, se va una, dos, a la tercera vez que se corre no se la saco de adentro para poder sentir sus contracciones y me dice que no sea malo, que no puede acabar con el pene adentro, tan rica que es ella, se da vuelta para cambiar a misionero, me pellizca una tetilla, me hace sangrar y se ríe, ahí está mi merecido, haciendo misionero nos seguimos besando, mordiscos más fuertes, más lengua, más baba, ya extrañaba sus besos, gime, pone los ojos blancos, porque tengo polola no pudo rasguñarme, entonces me tiraba el pelo, ya a esa altura aprendí cuándo sacarle el pene de adentro y a refregarlo en su clítoris cuando acababa, y entre tantos chorritos suyos fue mi turno, al rato le digo que mejor cambiemos de condón porque ya había terminado, y exactamente eso hicimos, ahora se sube ella, me monta como nadie lo había hecho, increíble, hasta que comienzo a obtener chorro en esa posición, más increíble todavía, la sensación de su líquido tibio en mi pelvis y abdomen, qué ganas de desayunar su juguito en un plato con Chocapic, más besos, mordiscos y chupadas de lengua, me llega una cachetada, medité permitirle rasguñarme, pero no, casi, cambiamos y lo hacemos de lado abrazándonos con las piernas, más y más besos, según ella beso bien, ahí no le creo pero se agradece, cambiamos a misionero pero esta vez pone sus dos piernas en mis hombros, descubro sectores nuevos en su conejita, sectores que son aun más placenteros cuando se estremece en orgasmos, se la saco y la palpo con el pene o la masturbo y le meto los dedos cada vez que ella se corre, en esa posición empieza a ahorcarme y me pide que la ahorque, me pide la leche en las tetas, pero quiero disfrutar más tiempo, en pasarla bien con Hentay, después se pone de guata en la cama dándome la espalda, su posición favorita dice, así le dimos, descubro más lugares en su vagina, seguimos con los besos en esa posición, se ríe, dice que dos horas es muy poco, que soy para todo el día, tan rica ella, cambiamos, ahora ella se sube mirando hacia mis pies, la vista me provoca curiosidad y le pregunto por el adicional, pero no, será para la próxima, apoya sus piernas en mis piernas, de esa forma queda cómoda para montarme y me da un rato hasta que pone sus manos en el suelo, a ver cómo describo esta pose; sus manos en el suelo, sus piernas en la cama, su poto al borde de la cama mirando hacia arriba, yo parado, mis pies en el suelo, mi pene a 180° respecto a mi espalda, penetrándola hacia abajo como haciendo sentadillas, primera vez que me sirvió la educación física del colegio, luego ella quedó en cuatro en el suelo al pie de la cama y yo con una rodilla sobre la cama y un pie en el suelo, continuando la penetración como haciendo sentadillas, pero ahora quedamos frente a un espejo, le encanta verse al espejo, más caliente se pone, debo reconocer que esa posición se veía bien, al rato bajo la rodilla de la cama y quedamos haciéndolo netamente en cuatro en el suelo mirándonos en un espejo, nos detenemos, nos acostamos a descansar, conversamos y regaloneamos, encontramos nuestras cosas en común y nos hicimos requeterebuenos amigos.
Me cuenta que me gustará hacerlo en su balcón con vista a la cordillera y hacerlo en su cocina, vemos la hora, era pasado las 22:00, volvemos a comernos y volvemos a su posición favorita, vuelvo a encontrar la profundidad que me gustó, incluso más y ahí vuelvo a acabar, volvemos a regalonear, era la hora, así que nos bañamos, nos vestimos y me hace prometer hablarle cuando me sienta mal, creo haber encontrado una buena amiga, Hentay es sincera y simpática, extraña combinación, y muy, muy caliente, pobre tía del aseo, todavía debe estar secando esa pieza, lo que más me gustó de ella fue su risa, de Hentay, no de la tía del aseo, salimos de la mano del motel, ella se sube a un taxi y yo voy para el otro lado. Rica Hentay, tuve que bañarme dos veces más hasta perder el aroma de sus chorritos de amor, pero aún están en mi mente los tibios sabores de sus agujeros.
Nivel de empote: 0%, vacunado como dicen
Llamada: buena onda, todo claro
Ambiente: N/A, fuimos a un motel
Higiene: limpia
Atención: dedicada, caliente, natural
Cara: rica, no aguanto verla 5 segundos sin deborarla
Besos: me chupó el alma
Tetas: ricas, delicadas
Cuerpo: armoniosa, maniobrable, rica
Poto: un deleite
Oral: bueno, s/c, hace la araña, uff
Sapito: adictivo
Pélvicos: punto fuerte, las mejores cabalgatas que me han hecho
Anal: N/A, mala mía, no pregunté antes
Precio: invaluable, Dios la cuide
Duración: como que nos anduvimos pasando un poco pero no le importó
Relato:
Hace tiempo quería conocer a Hentay pero no se me había dado la oportunidad, miércoles en la noche entro a esta página, vuelvo a verla publicada, la agrego a Whatsapp, le hablo al otro día a la primera hora prudente y quedamos de vernos a las 19 horas, pero con un detalle, su departamento no tenía luz ni agua ese día, así que tendríamos que ir a un motel, entonces le pedí dos horas para aprovechar el viaje y bien, pensé, estaríamos en territorio neutral, me asustaba un poco que me hiciera tira, la espero abajo de su edificio, baja a mi encuentro con uniforme de civil, blusa, chaqueta, jeans y zapatillas, rica y linda, me saluda de beso en la cara, me toma la mano y me dejo llevar, es natural y simpática, mucho más simpática de lo que esperaba, tomamos un taxi, en el trayecto me susurra al oído, ya me tenía caliente, llegamos al motel y mientras la tía del aseo nos mostraba las piezas disponibles, me come a besos, Hentay, no la tía del aseo, besos con lengua, babosos, con agarrones, ya me daba lo mismo la pieza, podríamos haberlo hecho ahí mismo, o en el taxi, o en la calle.
Entramos a una pieza rosada llena de espejos, pide dos cervezas y continuamos con los besos, caemos a la cama, ella abajo, mordiscos, manoseadas, más lengua, más saliva, teníamos que bañarnos, nos costó despegarnos pero lo conseguimos, le digo que se bañe ella primero y yo recibo las cervezas, (llegan las cervezas, sirvo los vasos y me doy cuenta, "ella pensará que le eché algo a la cerveza, no tiene por que confiar en mí", y así fue, eso pensó, irrelevante al relato pero buena lección, lado bueno, tomé dos cervezas), sale del baño envuelta en una toalla, se sienta a mi lado y me muerde una oreja, mi turno de bañarme, lo hago, salgo en toalla también, me advierte que se corre a chorros, me acerco a ella, vuelan las toallas y empezamos.
Nos comemos de pie como si fuera lo único que importara en la vida, entre la calentura caemos a la cama y seguimos comiéndonos, entre mordiscos nos masturbamos, su coneja como la llama, estaba empapada, clásico; bajo de su boca besando su cuello, chupo sus tetas, bajo por su estómago hasta llegar a degustar sus fluidos, sabor ácido con un toque dulce, sabroso, lo embotellaría para echarle a la ensalada de repollo en mi casa, recorro sus labios con mi lengua, la penetro con la lengua, chupo sus labios, introduzco dedos, chupo su clítoris y recibo en mi boca el primero de incontables chorritos que me depararía la noche, su vagina y ano se comprimen y eyacula emitiendo un simpático y característico sonido, con razón los onomatopéyicos gringos lo llamaron squirt, se levanta y se pone en cuatro como invitándome a saborear su piedrazo en vidrio, rico también con un toque de amargor, lo beso, lo lamo, le meto la lengua en el ano y en la vagina intercaladamente, entretenido como cabro chico con juguete, se levanta, se pone de pie junto a mí, se ríe de mi cara mojada, me besa y me devuelve la mano haciendo arcadas con mi miembro reproductor masculino, vuelve a besarme y me dice que no debería hacer lo que está por hacer porque está un poco mareada, pero que tiene que hacerlo conmigo, así que la ayude afirmándola, me da la espalda, se curva hacia atrás y con la boca abierta, como buscando una manzana de la gincana, me la chupa al verre, termina, se recompone, me mira y dice que no puede evitarlo, que es muy rico, y vuelve a hacerlo, (chupada al verre)2 , se levanta y se pone en cuatro apoyada en una silla que está al rincón de la pieza, vuelvo a saborear sus orificios, saqué abdominales de lengua, nos acercamos a la cama, busca un condón y vuelve a chuparla, me coloca el condón con la boca, otro clásico, se pone en cuatro sobre la cama y entro por primera vez, ambos hervíamos, se va una, dos, a la tercera vez que se corre no se la saco de adentro para poder sentir sus contracciones y me dice que no sea malo, que no puede acabar con el pene adentro, tan rica que es ella, se da vuelta para cambiar a misionero, me pellizca una tetilla, me hace sangrar y se ríe, ahí está mi merecido, haciendo misionero nos seguimos besando, mordiscos más fuertes, más lengua, más baba, ya extrañaba sus besos, gime, pone los ojos blancos, porque tengo polola no pudo rasguñarme, entonces me tiraba el pelo, ya a esa altura aprendí cuándo sacarle el pene de adentro y a refregarlo en su clítoris cuando acababa, y entre tantos chorritos suyos fue mi turno, al rato le digo que mejor cambiemos de condón porque ya había terminado, y exactamente eso hicimos, ahora se sube ella, me monta como nadie lo había hecho, increíble, hasta que comienzo a obtener chorro en esa posición, más increíble todavía, la sensación de su líquido tibio en mi pelvis y abdomen, qué ganas de desayunar su juguito en un plato con Chocapic, más besos, mordiscos y chupadas de lengua, me llega una cachetada, medité permitirle rasguñarme, pero no, casi, cambiamos y lo hacemos de lado abrazándonos con las piernas, más y más besos, según ella beso bien, ahí no le creo pero se agradece, cambiamos a misionero pero esta vez pone sus dos piernas en mis hombros, descubro sectores nuevos en su conejita, sectores que son aun más placenteros cuando se estremece en orgasmos, se la saco y la palpo con el pene o la masturbo y le meto los dedos cada vez que ella se corre, en esa posición empieza a ahorcarme y me pide que la ahorque, me pide la leche en las tetas, pero quiero disfrutar más tiempo, en pasarla bien con Hentay, después se pone de guata en la cama dándome la espalda, su posición favorita dice, así le dimos, descubro más lugares en su vagina, seguimos con los besos en esa posición, se ríe, dice que dos horas es muy poco, que soy para todo el día, tan rica ella, cambiamos, ahora ella se sube mirando hacia mis pies, la vista me provoca curiosidad y le pregunto por el adicional, pero no, será para la próxima, apoya sus piernas en mis piernas, de esa forma queda cómoda para montarme y me da un rato hasta que pone sus manos en el suelo, a ver cómo describo esta pose; sus manos en el suelo, sus piernas en la cama, su poto al borde de la cama mirando hacia arriba, yo parado, mis pies en el suelo, mi pene a 180° respecto a mi espalda, penetrándola hacia abajo como haciendo sentadillas, primera vez que me sirvió la educación física del colegio, luego ella quedó en cuatro en el suelo al pie de la cama y yo con una rodilla sobre la cama y un pie en el suelo, continuando la penetración como haciendo sentadillas, pero ahora quedamos frente a un espejo, le encanta verse al espejo, más caliente se pone, debo reconocer que esa posición se veía bien, al rato bajo la rodilla de la cama y quedamos haciéndolo netamente en cuatro en el suelo mirándonos en un espejo, nos detenemos, nos acostamos a descansar, conversamos y regaloneamos, encontramos nuestras cosas en común y nos hicimos requeterebuenos amigos.
Me cuenta que me gustará hacerlo en su balcón con vista a la cordillera y hacerlo en su cocina, vemos la hora, era pasado las 22:00, volvemos a comernos y volvemos a su posición favorita, vuelvo a encontrar la profundidad que me gustó, incluso más y ahí vuelvo a acabar, volvemos a regalonear, era la hora, así que nos bañamos, nos vestimos y me hace prometer hablarle cuando me sienta mal, creo haber encontrado una buena amiga, Hentay es sincera y simpática, extraña combinación, y muy, muy caliente, pobre tía del aseo, todavía debe estar secando esa pieza, lo que más me gustó de ella fue su risa, de Hentay, no de la tía del aseo, salimos de la mano del motel, ella se sube a un taxi y yo voy para el otro lado. Rica Hentay, tuve que bañarme dos veces más hasta perder el aroma de sus chorritos de amor, pero aún están en mi mente los tibios sabores de sus agujeros.
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