Es un honor para mis sus letras querido As. me gustaria que estamparas sus prosas en este espacio de letras hiladas y aveces aladas.
besos azules en su dirección
Gracias Luna...a continuación le presento una de las historietas que de tanto en tanto me gusta escribir, ojalá le guste.
METALES PASIVADOS (WHITE COLLAR BOXING)
Ya está de nuevo diciendo lo mismo este tarado, si se, si se, boxeo para mamitas, para tarados que quieren jugar a ser malos después de la pega. Ya no le doy importancia si total este weón está en la misma y el pobre no parece darse cuenta, como yo, tampoco fue culo de ir a entrenar al México o a la Federación. Me ha ganado tres veces, pero he bajado mis buenos kilos, he entrenado duro y a este ya lo conozco y me cae lo suficientemente mal. El hijo de puta es alto y sonriente, me recuerda al tipo de la mesa de dinero por el que me abandonó la Carolina llevándose a los niños. Me supera en alcance y es rápido, muy rápido. No soporto su sonrisa irónica y su trato paternal en el camarín, sus chistes malos, sus citas históricas. No creo sus historias estúpidas con minas de cafés con piernas que nunca deja de contar...como si me interesaran.
4 rounds de 3 minutos y 1 de descanso.¿Listos? -grita el profe- nos ponen los bucales, pitazo y...a bailar. Me sonríe mostrando todo el bucal, ¿acaso te crees Tyler Durden o el gitano de Snatch?. Arremeto decidido contra el, el profe me dijo que no me preocupe del alcance, que golpeando duro el cuerpo, la cabeza cae sola. Me elude y me pone un un-dos, y luego un recto, todos en el rostro, que me corren el cabezal, me atonta pero solo por medio segundo. Este flaco es maquillador, lo que tiene de rapidez no lo tiene en potencia. Por fin logro arrinconarlo en la esquina y le tiro una lluvia de garrotazos a las costillas y la cintura. Se protege con antebrazos y codos, pero no importa, lo tengo donde quiero y sigo tirando pu etazos al cuerpo. Pitazo, fin del round.
"Porqué no viene una de tus putitas de los cafés a anunciar los rounds"-le digo enrrojecido y jadeante- "¿Porqué no viene tu ex señora a verte perder de nuevo mejor?"- responde el tipo- "Ya, menos bla bla y a bailar señoritas"-grita el profe sonriendo. Pitazo, bucales, segundo round. El flaco sale medio picado, parece estar dolido, más rápido y elusivo que nunca, me caen las combinaciones y puñetazos en la cara desde no se donde. Algo me dice pero no le entiendo nada con el bucal puesto. No tengo mas opción que ir al frente, recibo otro un-dos y veo una gota de sangre en en la lona.
Es la primera vez que se ve sangre en este gimnasio sin olor a pata, con ring de lona blanca y cuerdas de seda. Me invade un dejo de impotencia, y trato de mantener la calma. La última vez que me sentí así fue en el colegio cuando el Kurt Blumenberg me dejaba morados los brazos a combos. El profe detiene el combate "¿estai bien?" -me dice mientras de reojo veo que todos han dejado de entrenar y miran la pelea hablando en voz baja. El flaco se va a una esquina y lo veo inclinado respirando hondo sin dejar de tocarse la cintura.
"Démosle no mas profe" -digo jadeando y oyendo un persistente silbido-. Siento un leve mareo, mi campo visual se ha reducido y la mandíbula me tirita levemente. No importa, bucal, pitazo, respirar hondo y vamos al tercero. ¿No te gustaba la adrenalina? ¿que esto es mejor que el sexo?, que estupidez esos lugares comunes de cine, nadie piensa en ello estando en un situación como esta. El flaco baja las revoluciones, veo una clara expresión de dolor cada vez que tira golpes y pone cara de terror cada vez que arremeto y tomo la iniciativa, ya no ruge con cada puñetazo que tira, sin embargo su velocidad sigue intacta, lo golpeo duramente en las costillas pero recibo otra de sus malditas ráfagas que me hacen retroceder, me marean y me hacen oír nuevamente ese horroroso silbido. Pitazo, salgo mejor parado que en el segundo, sin embargo veo solo la mitad, es lo malo de la adrenalina, te baja y ya empiezas a sentir dolor hasta de respirar.
El último es el que vale, todo el gimnasio está agolpado mirando, nadie grita ni da instrucciones, todo es un silencio sepulcral. El flaco da muestras de mucho dolor pero tiene la cara limpiecita, no he podido ajustarle ninguno al muy escurridizo. Da lo mismo que ya parezca pelea de borrachos, voy adelante ciegamente, ya estoy en esto, recibo golpes pero sigo lanzando, no me importa el silbido, uno, dos, tres a las costillas y la cintura del hijo de puta. El silbido se incrementa, respiro con la boca abierta y ahora me invade el terror, logro conectar un mandoblazo al cuerpo del tipo, pero recibo otra andanada, ya no veo nada, no oigo nada...solo la voz del profe cerca de mi oído, y el grito de celebración del flaco con voz quebrada. Nada es tan fácil, ni siquiera agarrar a puñetazos todo aquel o todo cuanto te desagrada, tal vez nunca fui tan rudo o mi espíritu nunca fue tan indómito, no lo se, o tal vez haya sido otro de mis tantos y absurdos intentos fallidos de liberación y redención, de ataduras y de pecados que a estas alturas no se si son tales. Probablemente ya sea hora de dejar las estupideces y perdonarse a sí mismo, mi padre siempre me decía que yo solo aprendía a golpes. Hasta la luz del sol me pega en el rostro esta tarde, no se como explicaré esta carita en el banco, tampoco se como lo explicaré cuando pida licencia médica o vaya a buscar a los niños donde la Carolina el fin de semana.
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Este gordo no aprende, ya lo ha intentado tres veces y las tres le he ganado. Éramos amigos pero no se que le pasó que se enojó y me agarró bronca. En el camarín me contó una vez que su mujer lo había dejado hace un año y viene a boxear por un montón de patrañas místico-religiosas, existenciales y personales que solo el entiende, para mi que viene a boxear y entrenar solo para llegar cansado y adolorido a la casa y sin ganas de afilar. El gordo ha progresado, de eso no hay duda, luce un poco mas esbelto, está un poco mas rápido y ágil, pero aún le sobresale la panza bajo la camiseta. El guatón es porfiado, terco y cabeza dura, sabe que tengo mayor alcance, estatura y rapidez. Soy el T-Rex enfrentando al feo Triceratops.
"Vamos guatón mamita"-le digo antes de ponerme el bucal- pero no se da por enterado. Pitazo, el gordo sale decidido y con rostro desencajado, arremete como un toro, con la cabeza gacha y lanzando golpes, pega duro el maricón pero es lento, logro eludirlo y lo calzo con una combinación en pleno rostro, luego un recto, le sonrío para enojarlo, pero no se da por aludido, el guatón se ha fortalecido, le caen las ráfagas pero parece que hago menos daño que una cacha de lesbianas. Me sigue, lo eludo pero me atrapa en la esquina golpeándome rabiosamente costillas y cintura, apenas logro cubrirme con los brazos. Que alguien por favor revise los guantes del gordo, parece que les puso ladrillos, que manera de pegar fuerte.
Me dejó adolorido este maricón, nunca me había pasado, vamos que de éste si que no pasas mamita. Conecto una ráfaga tras otra, el gordo se confunde y parece medio desesperado, ¿has oído hablar de las lágrimas de Stalin? pero como me duele la cintura, el dolor ya se extiende hasta el pecho, pero vamos arriba, por fin logro partirle un labio, se le hincha un ojo y le sangra la nariz. Ya basta profe, el gordo sangra, ¿no me decías maquillador? no por favor gordo, no sigas que me duele todo el torso y tengo náuseas.
No hay caso con éste, y dale con seguir, lo peor es que apenas puedo moverme, por el agudo dolor de pecho y cintura que a cada segundo aumenta. El gordo ve poco, pero por el dolor solo puedo tirar inofensivas patadas de gallina. Me arrincona, tomo aire ignorando el dolor y lo calzo con una ráfaga demoledora, no se de donde pero con su último aliento el guatón me dobla con un ladrillazo horroroso en mi golpeado costado derecho. El gordo cae arrodillado a la lona y con la cabeza gacha apoyándose en los guantes. Me siento en las cuerdas ya semiinconsciente por el dolor, el profe socorre al gordo y lo lleva al camarín mientras doy un débil grito de triunfo, pero nadie aplaude ni felicita, todos miran en silencio. Con el cabezal puesto me siento unos minutos en el ring, pero no demasiados, para que no crean que el maricón me lastimó. Algunos me hablan pero no entiendo lo que dicen y solo tengo energías para asentir levemente con la cabeza.
Fue una hazaña llegar al camarín, sacarme el equipo, meterme a la ducha y vestirme, no coordino para ponerme la corbata, frente al espejo tengo la cara intacta, pero un leve e inconfundible sabor salado se asoma por mi boca, trato de ignorarlo tomando un poco de agua y tragando con fuerza. Con pasos cortos logro salir a la calle, el dolor sigue, suena el celular pero solo puedo responder con monosílabos-"¿oye ingrato y que pasa que no me has venido a ver al café...ya po te estoy esperando o no te dan permiso?, oye pero juntémonos, ya chao, llámame que no tengo minutos en el celu".
Las piernas apenas me sostienen. No es un juego tratar de jugar al rudo, me desvío hacia un callejón desierto y me siento en una escalinata, la mandíbula me tiembla y ya es inútil disimular tragando ese sabor salado en la boca cada vez mas intenso y un hilo de sangre cae sobre la solapa y la camisa blanca. Los ladrillazos que el gordo me dio en el hígado y el estómago tal vez me causaron lesiones internas y ahora la supuesta rudeza me pasa la cuenta.
¿Porqué todo esto? ¿para qué?. No es chiste la traición y la traición a uno mismo es la que se paga más cara. Ahora entiendo al gordo cuando hablaba de sus intentos de liberación y redención que tanta risa me causaban. Quizás ésta no sea la manera, ¿pero cual es?. Sigo temblando y me invade el terror a medida que se me sigue manchando de rojo la camisa. Me siento como un león herido, pero como un león de esos rescatados de circo pobre, con su corazón y espíritu corroídos por los barrotes y por ser alimentado en cuerpo y alma toda su vida sólo por perros y perras, y que de un día para otro es puesto de vuelta en la inmensidad del Serengueti, pero que al asomarse en la sabana, ahora extraña la seguridad de la jaula y el ruido del circo. Odio reconocerlo pero el gordo y yo somos mas de lo mismo, ambos no somos más que metales pasivados y reblandecidos por la acidez.
Lentamente comienzo a adormecerme y desplomarme sobre mi costado, de nuevo el celular-"¿aló?...oye ya pos que pasa que no vienes, mira que hoy ha estado malo mi amor...¿aló?...¿aló?...¿estai ahí?...ah weon rogao mas lo que te quebrai...chao"
Atentamente
AS DE BASTOS.