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Boulder, Caracas, Buenos Aires, Miami y Santiago.

Noir

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Esta historia me la contó hace años un colega venezolano, en esa zona de franca honestidad que solo se abre después de varias cervezas y sentados a kilómetros de donde sucedieron los eventos. Ocurrió un poco antes de la gran ola migratoria, cuando él trabajaba para una multinacional y pasaba la vida saltando de avión en avión por toda Latam.

Para proteger su privacidad prefiero llamarlo Güilson, su nombre real con ese toque caribeño tan único, tan inconfundible, que resulta mejor dejarlo en reserva.

Guilson, con su base en Miami y un estilo de vida acomodado, no era precisamente un Adonis, pero compensaba cualquier falta de encanto visual con astucia, verbo y mundo. Perfil de silencioso o mejor dicho proto-silencioso.

Todo empezó en el aeropuerto de Ezeiza, en Buenos Aires. Mientras caminaba hacia la puerta de embarque, una escena rompió su rutina de viajero experto: una bella mujer sollozaba detrás de un vending machine. Con la desenvoltura que dan las millas, se acercó a ofrecer ayuda.

Entre lágrimas, la joven chilena que llamaré Ava, le soltó el drama: Ella una profesional en administración había conocido a su novio en el ámbito laboral y ahora él la había dejado plantada en pleno aeropuerto, a su suerte y sin mirar atrás. Güilson la consoló, le ofreció un café y se dispuso a escucharla. Ahí entendió el verdadero peso de su angustia. Ella dependía económicamente de ese hombre y quedarse sola significaba un punto de no retorno. Güilson la animó a ser fuerte, que pronto saldría de ese mal momento y la ayudó cambiar el ticket de regreso. Después de un rato charlando se despidieron antes de embarcar en diferentes vuelos, pero no sin antes intercambiar contactos, con la promesa de “juntarse” en Miami o en Santiago.

Pasaron los meses. La distancia no enfrió la primera reunión; al contrario, las llamadas se volvieron cada vez más largas e íntimas. Cada vez con más detalles. Ella le contaba que había logrado mantener su estilo de vida por sus propios medios y, profundamente agradecida por el apoyo en Ezeiza, le prometió un regalo inolvidable para la primera vez que se reencontraran.

¡Uf! La expectativa en él, no hacía más que crecer. (Ustedes saben).

Güilson cada vez que estaba cerca no pensaba en otra cosa más que volver a reunirse con Ava, pero siempre algo se interponía. Ambos muy ocupados, con agendas cruzadas.

Hasta que llegó el día. Güilson voló de Buenos Aires a Santiago con el pretexto de ver a un cliente (cómplice).

Ella lo citó en un conocido apart hotel, reconocido por todos nosotros. Güilson, que sabía perfectamente a qué iba, llegó puntual y tocó la puerta, acto muy conocido por todos nosotros. Al abrirse la puerta, la promesa se hizo realidad de la manera más literal posible: Ava de eva. ¡Sorpresa!

El regalo fue tan abrumador que Güilson desapareció del mapa durante 24 horas seguidas. Para salvar su reputación corporativa, no le quedó más remedio que reportarse enfermo apelando al clásico "algo en la cena me cayó mal, seguramente los mariscos".

Güilson con las cervezas en la cabeza me contó detalles de las 24 horas de encierro que me abrieron un universo desconocido para mi hasta ese momento.

Sin embargo, el verdadero giro, para mí en la historia llegó después. Güilson me reveló que el "novio" que la abandonó en Ezeiza era, en realidad, un conocidísimo y poderoso empresario del retail chileno del cual ella no era novia, sino su amante. Al verse sola, Ava no bajó su estándar: simplemente reconvirtió su estilo de vida en profesión. Viajes, hoteles, doble vida, etc.

Y el broche de oro de esa noche de confesiones llegó cuando Güilson, con total soltura y ante mi asombro por sus relatos de años atrás. Esta fue solo una de tantas historias que compartió esa velada y como punto cumbre, que da sentido a este relato, llegó cuando, sacó su teléfono y me mostró la publicación de Ava.
Sí, así fue como, gracias a él, descubrí por primera vez la existencia de ese portal.
Historia 90 % verdadera.
 
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Camionero

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y mi vida es Santiago, Pichidangui, La Serena, Copiapo y Antofa.

Guilson como la marca de raquetas.
 

Koke74

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Tremenda y entretenida historia. Muchas gracias por compartir
 
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