Capuccino
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Cerré los ojos.
La primera sensación fue adormecedora en todo el cuerpo, excepto en mi entrepierna. Ella se acomodó y tomó mi miembro en sus labios, hacia adentro y sacando, hacia adentro y sacando.
Apenas podía moverme. Sentía que toda mi sangre se vaciaba de mi cuerpo para irse a la parte baja de mi cuerpo. Un cosquilleo recorría mi espalda mientras sentía sus labios apretando, besando, tragando. Una mano acariciándome, la otra sujetándome. Pasó un rato en que sentía hervir mi sangre.
Abrí los ojos.
Puse mi mano en su cabeza para empujarla suavemente y animarla a ir más profundo. Ella me miró de soslayo, sonrió levemente y entendió lo que le pedía. Mi pulso se aceleraba, mi erección estaba al máximo. No quería irme. Intenté pensar en otra cosa, me enfoqué en un muro de ladrillos, pero mi mente volvía a ver su cabeza bajando y subiendo. Intenté pensar en el clima, mis zapatos, el color rojo de las paredes, pero sentía sus manos acariciando entre mis muslos, el calor de su boca se traspasaba a mi miembro, y sentía su saliva correr por mi entrepierna.
Cerré los ojos.
Quise pensar en el capuccino que me había servido al desayuno, pero su boca se hundió y sentí que tocaba su garganta. Sentí que una lluvia de estrellas explotaba en mi cabeza. En vez de retirarse, ella empujó más. Me hundí en ella. Mi cerebro no procesaba nada. No podía enfocarme en nada más que en el placer de sentirme poseído, tragado, en el urgente deseo de explotar… de… ladrillo… y mirar las… nublado… rojo… aaaaahhhhhhhhh.
La primera sensación fue adormecedora en todo el cuerpo, excepto en mi entrepierna. Ella se acomodó y tomó mi miembro en sus labios, hacia adentro y sacando, hacia adentro y sacando.
Apenas podía moverme. Sentía que toda mi sangre se vaciaba de mi cuerpo para irse a la parte baja de mi cuerpo. Un cosquilleo recorría mi espalda mientras sentía sus labios apretando, besando, tragando. Una mano acariciándome, la otra sujetándome. Pasó un rato en que sentía hervir mi sangre.
Abrí los ojos.
Puse mi mano en su cabeza para empujarla suavemente y animarla a ir más profundo. Ella me miró de soslayo, sonrió levemente y entendió lo que le pedía. Mi pulso se aceleraba, mi erección estaba al máximo. No quería irme. Intenté pensar en otra cosa, me enfoqué en un muro de ladrillos, pero mi mente volvía a ver su cabeza bajando y subiendo. Intenté pensar en el clima, mis zapatos, el color rojo de las paredes, pero sentía sus manos acariciando entre mis muslos, el calor de su boca se traspasaba a mi miembro, y sentía su saliva correr por mi entrepierna.
Cerré los ojos.
Quise pensar en el capuccino que me había servido al desayuno, pero su boca se hundió y sentí que tocaba su garganta. Sentí que una lluvia de estrellas explotaba en mi cabeza. En vez de retirarse, ella empujó más. Me hundí en ella. Mi cerebro no procesaba nada. No podía enfocarme en nada más que en el placer de sentirme poseído, tragado, en el urgente deseo de explotar… de… ladrillo… y mirar las… nublado… rojo… aaaaahhhhhhhhh.