La chica del verano.
La historia de
@JotaRS , me recordó una época muy movida de mi vida.
Durante unas vacaciones en una ciudad del Sur, junto a mi grupo de amigos de entre 16 y 18 años, todos amigos del barrio, de toda la vida, paso más o menos lo siguiente:
Al poco tiempo de haber llegado a la ciudad, asistimos a una fiesta. Durante mucho tiempo no supe, como llegamos, ni quien nos invitó…
En medio de la noche enganché con una chica local. Bailamos el resto de noche. La música era de nuestro total gusto, lo disfrutamos. Incluso sus amigas se fueron y me comprometí con ellas, sus amigas, a dejarla en su casa, obvio, elemental. Además, no era muy lejos del lugar de la fiesta. Una casona de la Universidad.
Al rato, decidimos salir de la casona, nos sentamos en unas bancas o galerías que estaban en la costanera. Todo fluyo. La libertad de dar rienda suelta a tus deseos, frente a un casi desconocido. Dicen que no hay mejor confidente que un desconocido (suena del lado B).
No paso mucho más que unos agarrones y no poder caminar muy bien por tener una reacción corporal o como decía Ceratí, un zoom anatómico. Ya era tarde, probablemente las 5:30 am.
Ya estando en el porche de su casa, la despedida fue muy afectuosa. Hasta el brassier se soltó. Pero, consideré que para la primera cita estaba bien. Quedé de ir al día siguiente.
Cruce la ciudad para volver al albergue donde nos hospedábamos, como en el aire, flotando, más bien levitando…
En esa época todos queríamos ser “el protagonista de la insoportable levedad del ser” de Kundera.
En la mañana, mis amigos estaban expectantes a mis comentarios. Pese a su insistencia, no conté mucho, aún lo estaba asimilando.
Lo que había olvidado es que ese mismo día partíamos hacia la costa, invitados por la familia de uno de mis amigos…
Pensé en quedarme, pero la presión del grupo pudo más. En el grupo todos cumplimos un rol, el mío era vital o al menos eso creo. (historia aparte)
Pasamos varios días de playa, diversión, sana y controlada, en otro ambiente, pero mi cabeza no estaba del todo ahí. A los pocos días todos mis amigos estaban con “pololas” menos el que escribe.
Ahora el problema era mayúsculo, ninguno de mis amigos quería volver a la ciudad.
Para mi fortuna, la familia huésped se aburrió un poco, más bien, bastante de nosotros y la invitación llegó a su fin…
Años después, confesé que había saboteado la estadía (esa es otra historia).
Volvíamos al albergue en la ciudad.
En cuanto pude fui a la casa de la chica (del verano). Toco el timbre, tímidamente, me atiende, una señora, algo molesta, me indica que la chica no está. “Trabaja los veranos para pagar sus estudios”.
Ohhhhhhhhhhhhhhhhh.
Cruce la ciudad como en un laberinto eterno, además llovía a cántaros. Cada paso era mover un yunque. Probablemente, deambulé un par de horas.
Bueno, mi padre siempre me dijo, que el deporte calma el alma. Así los siguientes días me dedique al deporte del licor…
Estando medio intoxicado en una junta, conocí a otra chica, Según mis amigos pasó de todo, sin embargo, al día siguiente casi no recordaba. Algo, solo algo, hasta el día de hoy tengo el vago recuerdo de unos súper boobies en mi cara. Bueno, esto sirvió para levantar un poco mi alicaído espíritu.
La práctica del deporte de George Best, iba decreciendo, la billetera también.
En el albergue teníamos una serie de claves organizadas, por ejemplo, un calcetín en la manilla de la habitación significaba acción en proceso. No entrar.
Un día llegando del río, había competencia de remo (esta es otra historia). Nos encontramos con el calcetín en la puerta.
Ummmm. Que hacemos. Mi ánimo decayó inmediatamente, recordé a la “chica del verano”. Recién habíamos estado en las mismas galerías en la costanera, donde había estado con ella.
Bueno, mi padre siempre me dijo que caminar calma el alma. Así que caminamos raudamente a la botillería.
Saliendo de la botillería, noto que está la Chica del verano, en su bicicleta, lo primero que me dice, por fin te encuentro, sabía que estabas por este sector, pero nunca me dijiste la dirección.
Ohhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh
La vida dio un giro en un segundo, era el adolescente más feliz de universo. Hoy sería del multiverso.
Conversamos unos minutos y se alejó en su bicicleta celeste, increíble que lo recuerde.
Al día siguiente quede de pasar por ella para ir a las festividades del fin del verano, en la costanera, fuegos de artificio, bandas, etc. La música siempre ha sido muy importante en mi vida. En la de ella también.
Llega el día siguiente. Me sentía con una energía extra, especial.
Paso por la chica del verano, timbre, esta vez no tan tímido. Ella abre, la mitad de la puerta y me indica que entre, sin pensarlo mucho paso al interior de su casa.
Le digo vamos rápido, rápido, habrá mucha gente...
Rápido para tener una buena ubicación, para ver los espectáculos y los fuegos artificiales y escabullirnos de mis amigos. En estos momentos los amigos sobran…
Ella me dice…
Estamos solos, mi familia fue a la costanera, tenemos varias horas para nosotros.
Me lo dijo con otras palabras, es lo que entendí y lo que recuerdo.
Ohhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh
Tengo los pelos de punta al recordar el momento.
Un impulso helado me cruzo pies a cabeza.
Fueron unas horas de pasión inconmensurables. No viene al caso ahondar en detalles.
Vimos nuestros propios fuegos, no artificiales, más bien naturales.
Qué momento tan singular...
Cómo decía mi madre, en momentos felices o de éxito, mesura y control.
Ese día tomé un taxi-colectivo para cruzar la ciudad.
Recuerdo el último beso y abrazo antes de subir al auto. Lágrimas salían de sus ojos, obviamente, algo había entre nosotros.
Subí al auto, donde había más pasajeros, me sentí Paul Banks. Ahora suena tonto, pero era un adolescente.
Al día siguiente, desperté pensando en que tendría a mis amigos, encima, esperando mi relato.
Pensando en perspectiva, ellos eran “protosilenciosos”.
Sin embargo, había silencio en el lugar...
Los mayores del grupo se acercan y me dan una terrible noticia.
Mi padre había tenido un accidente, debía viajar a Santiago de inmediato.
ohhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh
Sin dudarlo, muy preocupado y pensando, ilusamente, que podría volver pronto, tome la mochila y corrí, junto a mis amigos a la terminal, no muy lejos del albergue.
Aún recuerdo como si fuera ayer, estar en el Bus, con la cara pegada a la ventana, con mis amigos y algunas de sus chicas del verano en el andén. Chao, nos vemos pronto. Chao.
Llegué a Santiago, con una sensación difícil de entender, incluso ahora.
Mi padre se recuperó, pero nunca volvió a ser el mismo. La familia había cambiado. Llegó Marzo, las comunicaciones no eran como ahora, practicante, no teníamos contacto entre la chica del verano y yo. Planeamos vernos en vacaciones de invierno, pero no funcionó.
Paso el tiempo, traté de volver un par de veces a la sureña ciudad. Es más, postulé para estudiar en la prestigiosa Universidad de esta ciudad, pero entre la condición de mi padre y la posibilidad de pasar un año de intercambio en otro país, se interpusieron. En resumen, no volví hasta después de 10 años.
Al regresar, obviamente en condiciones totalmente distintas, en un hotel con auto, etc. Más maduro, eso creía o creo.
Llegué a la dirección que estaba grabada en mi memoria. Las ciudades cambian, pero las esquinas, los monumentos y el río no.
Estacioné cerca, podía ver la entrada a la casa….
Al poco tiempo de estar ahí, antes de llenarme de valor para ir a preguntar, veo llegar a la chica del verano, toda una mujer, más bella de lo recordaba. Mi corazón se hinchó. Respiro y antes de que pudiera decir una mala palabra, de la casa sale una pareja de niños, seguidos por un hombre, su padre, seguramente…
¿Estaba contemplando uno de mis posibles hilos de mi vida en el multiverso?
No me atreví a acercarme, esta imagen cerraba la historia que me había acompañado por muchos años.
Eso era todo, fin.
Para no dar todo por perdido.
A esta altura de mi vida, mi padre ya no me decía nada. Cruce la ciudad contemplando los cambios en la arquitectura. Puse música de la época, de la fiesta, para hacer un contraste entre los recuerdos y la nueva ciudad. Nueva realidad.
Llegue al albergue, hoy en día, Beth and breakfast.
Estuve sacando fotos por el vecindario. Quería guardar imágenes antes que cambiara más aún.
Un lugar donde pase momentos memorables y la memoria es frágil.
“De repente” alguien me reconoce, escucho unos llamados
Desconocida- Hola chico del verano!
Yo- Hola… Sin saber quien es. Lo que si, pienso, sea quien sea, esta muy guapa.
Desconocida- No me recuerdas !
Yo- Para ser sincero. no.
Me cuenta una historia olvidada en mi cabezota.
Aha. Nos conocimos en una junta hace ene tiempo atrás. Miro los boobies y recordé.
Ohhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh
No tan desconocida - Quieres pasar a mi casa a tomar un café...
Que ha sido de tu vida ?
Tus amigos?
Claro, ella vivía al lado del albergue. Hasta ese momento no lo sabía…
Dos datos azarosos y sabrosos para terminar:
“Los boobies del verano”, la no tan desconocida, fue mi señora hasta antes de entrar al lado B.
Ella es la que invito a uno de mis amigos a la fiesta donde conocí a
la Chica del verano.