Marioncita
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Era uno de esos agitados días de mis viajes a Stgo, todo estaba planificado para recibir a mi dulce fotógrafo, habíamos conversado de hacer fotos algo distintas a las que todas las chicas publicaban, se aproxima la hora, suena mi teléfono, es él para saber si estoy desocupada o debe esperar, seguimos en la llamada hasta que llegó al departamento, así era más fácil burlar a los conserjes jajajajaja
Toca el timbre, cortamos la llamada y yo abro la puerta, nerviosa y ansiosa, ya quería saber que haríamos, lo recibo con baby doll, besito rico y entra, cargando un bolso (estilo maletín, pero, mas grande) conversamos, tomamos un juguito, el no dejaba de mirarme, tanto así que lograba intranquilizarme, pero, tenía claro que mi mirada, y mis gestos tampoco le habían sido indiferentes. Pasamos al cuarto para comenzar a hacer las fotos, para relajarnos hicimos unas tomas usando el baby doll blanco que traia puesto, donde el tomó un plumón y escribió en mi muslo el nombre de un forero X que estaba de cumpleaños, pero, fue peor, mis nervios se hacían cada vez mayores, aún más cuando miré sobre mi cama y había un sombrero, un pañuelo y UNA PISTOLA, una gran pistola oscura, me aterraba el solo mirarla...
El sonrió diciendo "Morenaza, es de juguete, no traería algo de verdad" me pidió que me sacara el baby doll y mi pequeño calzoncito, acomodó el pañuelo atado a mi cuello, mi cabello suelto cayendo sobre mis senos y puso el sombrero vaquero en mi cabeza, jugamos así con algunas fotos, hasta que llega el momento de tomar esa pistola, la tomé con mucho temor, era pesada, ya no me parecía un juguete, volví a preguntar si era de verdad, a lo cual su respuesta volvió a ser un rotundo "No Morenaza, úsala tranquila"
La tomé ya más confiada, empezamos a tomar fotos, jugaba con mi mirada, aún sabiendo que ésta no se vería en las fotos de las publicaciones, quería seducirlo, mi fin era Él, mi serio y dedicado fotógrafo.
Siguieron pasando los segundos, y la pistola ya estaba entre mis senos, apretada entre ellos, mi lengua intentaba tocar el cañón de esa gran arma, mi lengua casi, casi daba con ese duro y helado cañón, el fin era lograr que él se imaginara con su pene entre mis pechos, lo miraba jugando con mi lengua, acariciando suavemente esa pistola; con la intensidad de cada mirada, su carita iba cambiando, ya no necesitaba su delgado suéter, su camisa fuera de su pantalón era suficiente para el calor que empezaba a sentir, sacó sus zapatos sin dejar de enfocarme, mmmmm que deleite ese tiempo
Se acercó para hacer otras tomas y mis desordenados pies aprovecharon para rozar suavemente sobre su pantalón, que delicioso era ver esa carita de sorpresa, enrojecida, pero de deseo. Vuelta nuevamente para otras tomas, ahora de frente y mas cerca, era mi lengua la que alcanzaba a pasar sobre su pantalón, su pene se sentía duro, presionando su ropa, deseaba salir y sentir la tibieza y la humedad de mi boca, desabotoné su pantalón, bajé su cierre, y volví al lugar donde hacíamos las fotos, que deleite era mirar su cara desde ahí, la cual esbozaba una sonrisa cómplice, tomaba nuevas fotos, y yo seguía seduciendo al hombre tras la cámara, gestos, miradas, frases, llenaban el lugar de deseo, de complicidad, vuelvo a gatear hasta su lugar, para lamer nuevamente, repitiendo la secuencia muchas veces, hasta que en un momento veo que ya su cámara no estaba enfocándome, solo estaba apoyada en su mano, el me miraba mordiendo sus labios, ya conoce nuestro juego, y sé que lo desea tanto como yo. Deja su cámara, desabotona su camisa y la saca, ahí estaba, tenía frente a mi su cuerpo deseoso, su piel suave, dejo caer su pantalón, y mi mirada jugaba entre su ropa interior y sus ojos, no sabía en cual quedarme, ambas me parecían excitantes, ambas me provocaban a todo, pero, opté por sus ojos, esos ojos brillantes, de coqueta mirada, y sin sacar mi vista de ellos ni por un segundo, bajé suave y sutilmente su ropa interior, al tiempo que me acercaba para pasar mi lengua lentamente y de una vez desde sus testículos hasta esa cabecita dura y palpitante, que delicia era verlo morder sus labios en silencio mientras mi lengua lo recorría, estaba en el jaque de seguir con el juego o verlo desnudo frente a mi fotografiándome. El lugar se llenaba cada vez más de miradas cómplices, sonrisas disimulando lo que estábamos haciendo, la decisión era clara, ya habían muchas fotos y yo respondería al deseo de mi cuerpo de dejarse seducir.
Me arrodillé en la cama, frente a Él, necesitaba sus besos, acerqué mis labios a los suyos, y solo respirábamos con nuestros ojos cerrados, jugando con el roce de nuestras narices, había tiempo, quería seducirlo, que necesitara mi piel, mis besos. Se pegó a mi cuerpo desnudo, mis senos se pegaron a su pecho, sus brazos me rodeaban y sus manos recorrían mi espalda, se cumplía el propósito, la seducción suave, ya estaba lista, estaba entregándose. Pero, sus ojos pedían algo más, querían juego, lo buscaban y yo quería jugar a su manera; me solté de sus brazos, me recoste boca abajo en la cama, de manera que mi boca quedara a la altura justa de su pelvis, empecé a dar pequeños toques, roces suaves con mi lengua, hasta meter su pene por completo en mi boca, lo hice prisionero de su tibieza y humedad, sentía como cada vez se endurecía mas en mi boca, mientras el acariciaba y enredaba sus dedos en mi cabello. Yo seguía y seguía, su pene entraba y salía de mi boca cada vez mas intenso, más rápido, moviendo más mi lengua, quería envolverlo por completo.
Sus manos pasaban por mi espalda, no eran caricias suaves, sino presión, mi boca lo hacía desesperar y notar eso me encantaba, de pronto, se produce cambio, ya no estaba boca abajo, ni su duro pene en mi boca, sino que estaba acostada, boca arriba y era su dulce y tibia boca la que se desplazaba por mis muslos, sabía lo que venía, y mi vagina se empapaba cada vez mas, de pronto su lengua había llegado donde deseaba, recorría de punta a punta, yo me retorcía mientras acariciaba su cabeza, mis gemidos eran cada vez mas seguidos y fuertes, mi columna se encorvaba, ya no podía retener mis orgasmos, pedía, rogaba que parara, un segundo de relajo era suficiente, pero, el parecía no escuchar, mis ruegos seguían, mis frases eran breves, solo salían suaves "Por favor para" o unos "te lo ruego, ya no aguanto" hasta que entre esas suaves y casi imperceptibles frases, entrego un nuevo orgasmo, mi cuerpo tiembla, mis pequeños pezones quieren estallar, mis ojos están cada vez mas pequeños, y... hay una almohada en mi boca ahogando mis gemidos, el sigue, su lengua se mueve cada vez con mas confianza, su boca succiona mi clítoris como niño hambriento buscando su alimento, yo ya no soy dueña de nada en mi, mi voluntad se rindió ante él.
Siento que mi cuerpo volverá a entregarse a sus deseos, se aproxima una nueva descarga de placer, tiemblo de solo sentir que se acerca, pongo mis manos en su cabeza, no sé si apretarlas o acariciarlo, sólo sé que de entre mis suaves y mordidos gemidos, se escucha un fuerte y necesitado "Yaaaaaaa, metemelo por favor"
Esa frase logró hacer que el se detuviera, su mirada era de placer, de deseo, tenía muy claro su objetivo e iba directo a cumplirlo.
Subió besándome para acomodarse sobre mi, pensé "Misionero, menos mal, menos orgasmos" pero, a medida que iba penetrándome pensaba "¿Los años no enseñan nada? Que gran mentira" esa penetración era desesperante, la lentitud con que iba entrando, unido a su mirada, su dedicación, era para temblar, era como si en cada envestida llegara al justo lugar para enseñarme lo hermoso del cielo, no solo me hacía entrar, sino que me abrió la puerta, me hizo entrar, caminar entre las nubes, conocer los rincones más ocultos y empezar a descender entre suaves nubes de algodón.
El había cumplido su objetivo, me habia sentido cual jalea, temblando entre sus brazos, su cara dejaba ver su gran satisfacción, pero, faltaba yo, faltaba mi tiempo de "dulce venganza" el se recuesta exhausto, me acerco, lo beso suavemente, y comienzo a bajar con mis besos,su cuello, su pecho, su pancita, hasta llegar a su erecto y caliente miembro, lamo tan lento como cuando aún tenía puesta su ropa, mientras lamía ideas venían a mi cabeza, y se lo hago saber con cada mirada que le doy, me levanto, camino al refrigerador, sirvo dos copas de helada coca cola, con una mirada picara y una sonrisa en mis labios, pongo una copa en su mano y la otra para mi, tomo un pequeño sorbo sin dejar de mirarlo, lo trago, Él me mira y sonríe, sabe que algo viene... vuelvo a sacar otro sorbo, pero, ahora en más cantidad y la dejo en mi boca, haciendo entrar ahí su erecto pene, miraba su cara y oía sus palabras, las cuales me dejaban claro que la combinación de coca cola fría y su caliente miembro le había gustado, lo recorría con mi boca, como si no hubiese nada más que su duro pene en ella.
Mmmm, ahora es Él quien me pide parar, su cabeza se mete en la almohada, tiembla, toma mi cabeza, se desespera, sentirlo así me hace desear aún más seguir jugando con mi boca. Su calor y su deseo empiezan a derretirse en mi boca con exquisitos espasmos, quiero seguir, hacer de esto un tiempo más dilatado aún, pero, su roja cara de éxtasis me hace saber que no es necesario, que la misión ya se cumplió.
Me levanto, tomo el arma y la pongo en mi boca, como si fuese a dispararme, ya mis nervios de tomarla habían pasado, hasta que le escucho decir "Morenaza, así no, que las armas las carga el diablo" temblé, miraba fijo a sus ojos, con esa frase me dejaba claro que todos mis juegos y mis fotos fueron hechas con un arma de verdad. Pero, me extasiaba saber que el arma que yo puse en sus manos al desnudarnos, había sido vaciada completamente, dándonos descargas de exquisito placer.
Jugar, mirar, provocar, mmmmm se convierten en una exquisita y esencial para del placer!!
Toca el timbre, cortamos la llamada y yo abro la puerta, nerviosa y ansiosa, ya quería saber que haríamos, lo recibo con baby doll, besito rico y entra, cargando un bolso (estilo maletín, pero, mas grande) conversamos, tomamos un juguito, el no dejaba de mirarme, tanto así que lograba intranquilizarme, pero, tenía claro que mi mirada, y mis gestos tampoco le habían sido indiferentes. Pasamos al cuarto para comenzar a hacer las fotos, para relajarnos hicimos unas tomas usando el baby doll blanco que traia puesto, donde el tomó un plumón y escribió en mi muslo el nombre de un forero X que estaba de cumpleaños, pero, fue peor, mis nervios se hacían cada vez mayores, aún más cuando miré sobre mi cama y había un sombrero, un pañuelo y UNA PISTOLA, una gran pistola oscura, me aterraba el solo mirarla...
El sonrió diciendo "Morenaza, es de juguete, no traería algo de verdad" me pidió que me sacara el baby doll y mi pequeño calzoncito, acomodó el pañuelo atado a mi cuello, mi cabello suelto cayendo sobre mis senos y puso el sombrero vaquero en mi cabeza, jugamos así con algunas fotos, hasta que llega el momento de tomar esa pistola, la tomé con mucho temor, era pesada, ya no me parecía un juguete, volví a preguntar si era de verdad, a lo cual su respuesta volvió a ser un rotundo "No Morenaza, úsala tranquila"
La tomé ya más confiada, empezamos a tomar fotos, jugaba con mi mirada, aún sabiendo que ésta no se vería en las fotos de las publicaciones, quería seducirlo, mi fin era Él, mi serio y dedicado fotógrafo.
Siguieron pasando los segundos, y la pistola ya estaba entre mis senos, apretada entre ellos, mi lengua intentaba tocar el cañón de esa gran arma, mi lengua casi, casi daba con ese duro y helado cañón, el fin era lograr que él se imaginara con su pene entre mis pechos, lo miraba jugando con mi lengua, acariciando suavemente esa pistola; con la intensidad de cada mirada, su carita iba cambiando, ya no necesitaba su delgado suéter, su camisa fuera de su pantalón era suficiente para el calor que empezaba a sentir, sacó sus zapatos sin dejar de enfocarme, mmmmm que deleite ese tiempo
Se acercó para hacer otras tomas y mis desordenados pies aprovecharon para rozar suavemente sobre su pantalón, que delicioso era ver esa carita de sorpresa, enrojecida, pero de deseo. Vuelta nuevamente para otras tomas, ahora de frente y mas cerca, era mi lengua la que alcanzaba a pasar sobre su pantalón, su pene se sentía duro, presionando su ropa, deseaba salir y sentir la tibieza y la humedad de mi boca, desabotoné su pantalón, bajé su cierre, y volví al lugar donde hacíamos las fotos, que deleite era mirar su cara desde ahí, la cual esbozaba una sonrisa cómplice, tomaba nuevas fotos, y yo seguía seduciendo al hombre tras la cámara, gestos, miradas, frases, llenaban el lugar de deseo, de complicidad, vuelvo a gatear hasta su lugar, para lamer nuevamente, repitiendo la secuencia muchas veces, hasta que en un momento veo que ya su cámara no estaba enfocándome, solo estaba apoyada en su mano, el me miraba mordiendo sus labios, ya conoce nuestro juego, y sé que lo desea tanto como yo. Deja su cámara, desabotona su camisa y la saca, ahí estaba, tenía frente a mi su cuerpo deseoso, su piel suave, dejo caer su pantalón, y mi mirada jugaba entre su ropa interior y sus ojos, no sabía en cual quedarme, ambas me parecían excitantes, ambas me provocaban a todo, pero, opté por sus ojos, esos ojos brillantes, de coqueta mirada, y sin sacar mi vista de ellos ni por un segundo, bajé suave y sutilmente su ropa interior, al tiempo que me acercaba para pasar mi lengua lentamente y de una vez desde sus testículos hasta esa cabecita dura y palpitante, que delicia era verlo morder sus labios en silencio mientras mi lengua lo recorría, estaba en el jaque de seguir con el juego o verlo desnudo frente a mi fotografiándome. El lugar se llenaba cada vez más de miradas cómplices, sonrisas disimulando lo que estábamos haciendo, la decisión era clara, ya habían muchas fotos y yo respondería al deseo de mi cuerpo de dejarse seducir.
Me arrodillé en la cama, frente a Él, necesitaba sus besos, acerqué mis labios a los suyos, y solo respirábamos con nuestros ojos cerrados, jugando con el roce de nuestras narices, había tiempo, quería seducirlo, que necesitara mi piel, mis besos. Se pegó a mi cuerpo desnudo, mis senos se pegaron a su pecho, sus brazos me rodeaban y sus manos recorrían mi espalda, se cumplía el propósito, la seducción suave, ya estaba lista, estaba entregándose. Pero, sus ojos pedían algo más, querían juego, lo buscaban y yo quería jugar a su manera; me solté de sus brazos, me recoste boca abajo en la cama, de manera que mi boca quedara a la altura justa de su pelvis, empecé a dar pequeños toques, roces suaves con mi lengua, hasta meter su pene por completo en mi boca, lo hice prisionero de su tibieza y humedad, sentía como cada vez se endurecía mas en mi boca, mientras el acariciaba y enredaba sus dedos en mi cabello. Yo seguía y seguía, su pene entraba y salía de mi boca cada vez mas intenso, más rápido, moviendo más mi lengua, quería envolverlo por completo.
Sus manos pasaban por mi espalda, no eran caricias suaves, sino presión, mi boca lo hacía desesperar y notar eso me encantaba, de pronto, se produce cambio, ya no estaba boca abajo, ni su duro pene en mi boca, sino que estaba acostada, boca arriba y era su dulce y tibia boca la que se desplazaba por mis muslos, sabía lo que venía, y mi vagina se empapaba cada vez mas, de pronto su lengua había llegado donde deseaba, recorría de punta a punta, yo me retorcía mientras acariciaba su cabeza, mis gemidos eran cada vez mas seguidos y fuertes, mi columna se encorvaba, ya no podía retener mis orgasmos, pedía, rogaba que parara, un segundo de relajo era suficiente, pero, el parecía no escuchar, mis ruegos seguían, mis frases eran breves, solo salían suaves "Por favor para" o unos "te lo ruego, ya no aguanto" hasta que entre esas suaves y casi imperceptibles frases, entrego un nuevo orgasmo, mi cuerpo tiembla, mis pequeños pezones quieren estallar, mis ojos están cada vez mas pequeños, y... hay una almohada en mi boca ahogando mis gemidos, el sigue, su lengua se mueve cada vez con mas confianza, su boca succiona mi clítoris como niño hambriento buscando su alimento, yo ya no soy dueña de nada en mi, mi voluntad se rindió ante él.
Siento que mi cuerpo volverá a entregarse a sus deseos, se aproxima una nueva descarga de placer, tiemblo de solo sentir que se acerca, pongo mis manos en su cabeza, no sé si apretarlas o acariciarlo, sólo sé que de entre mis suaves y mordidos gemidos, se escucha un fuerte y necesitado "Yaaaaaaa, metemelo por favor"
Esa frase logró hacer que el se detuviera, su mirada era de placer, de deseo, tenía muy claro su objetivo e iba directo a cumplirlo.
Subió besándome para acomodarse sobre mi, pensé "Misionero, menos mal, menos orgasmos" pero, a medida que iba penetrándome pensaba "¿Los años no enseñan nada? Que gran mentira" esa penetración era desesperante, la lentitud con que iba entrando, unido a su mirada, su dedicación, era para temblar, era como si en cada envestida llegara al justo lugar para enseñarme lo hermoso del cielo, no solo me hacía entrar, sino que me abrió la puerta, me hizo entrar, caminar entre las nubes, conocer los rincones más ocultos y empezar a descender entre suaves nubes de algodón.
El había cumplido su objetivo, me habia sentido cual jalea, temblando entre sus brazos, su cara dejaba ver su gran satisfacción, pero, faltaba yo, faltaba mi tiempo de "dulce venganza" el se recuesta exhausto, me acerco, lo beso suavemente, y comienzo a bajar con mis besos,su cuello, su pecho, su pancita, hasta llegar a su erecto y caliente miembro, lamo tan lento como cuando aún tenía puesta su ropa, mientras lamía ideas venían a mi cabeza, y se lo hago saber con cada mirada que le doy, me levanto, camino al refrigerador, sirvo dos copas de helada coca cola, con una mirada picara y una sonrisa en mis labios, pongo una copa en su mano y la otra para mi, tomo un pequeño sorbo sin dejar de mirarlo, lo trago, Él me mira y sonríe, sabe que algo viene... vuelvo a sacar otro sorbo, pero, ahora en más cantidad y la dejo en mi boca, haciendo entrar ahí su erecto pene, miraba su cara y oía sus palabras, las cuales me dejaban claro que la combinación de coca cola fría y su caliente miembro le había gustado, lo recorría con mi boca, como si no hubiese nada más que su duro pene en ella.
Mmmm, ahora es Él quien me pide parar, su cabeza se mete en la almohada, tiembla, toma mi cabeza, se desespera, sentirlo así me hace desear aún más seguir jugando con mi boca. Su calor y su deseo empiezan a derretirse en mi boca con exquisitos espasmos, quiero seguir, hacer de esto un tiempo más dilatado aún, pero, su roja cara de éxtasis me hace saber que no es necesario, que la misión ya se cumplió.
Me levanto, tomo el arma y la pongo en mi boca, como si fuese a dispararme, ya mis nervios de tomarla habían pasado, hasta que le escucho decir "Morenaza, así no, que las armas las carga el diablo" temblé, miraba fijo a sus ojos, con esa frase me dejaba claro que todos mis juegos y mis fotos fueron hechas con un arma de verdad. Pero, me extasiaba saber que el arma que yo puse en sus manos al desnudarnos, había sido vaciada completamente, dándonos descargas de exquisito placer.
Jugar, mirar, provocar, mmmmm se convierten en una exquisita y esencial para del placer!!
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