Graziella
Escort
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En un encuentro energético hay que reducir la forma para revelar la esencia.
Sobre la barra, un bartender preparaba un old fashioned y un Manhattan; algo en esa elección ya anticipaba donde terminaría.
El suyo es un cóctel denso, contenido y sin distracciones. Un trago que no seduce, afirma. Una energía estructurada, casi silenciosa. Como si supiera exactamente hacia donde ir antes de moverse.
El mío, suave y oscuro, dispuesto a envolver. Un trago que no impone. Expande y se emociona, no débil.
Nunca débil.
Más que una conversación, una tensión.
Porque el sexo —lo entendí después—
No comienza en la piel.
Tampoco en las manos o en la boca.
Es lo que se instala entre los cuerpos antes de lo permitido. Y Old fashioned no avanzaba, se imponía sustancialmente sin moverse. Y en ese invisible gesto, por fin, podía entrar.
Como un clásico, él me lleva de regreso en su auto después de ese paseo al día siguiente. El pretensor del cinturón apretó mis pechos antes de empezar la marcha e imaginé que era él. Y mi cuerpo replicaba sin pausas el recuerdo de la presión que hicieron esas manos, el estímulo de su miembro entre mis glúteos Y la libación de su boca sobre mi garganta. Sus manos sostenían, no solo tocaban.
Como una metáfora del cinturón, Old fashioned es seguro en esencia y sostiene.
En la esquina, justo cuando vamos a doblar da el rojo y mi verborrea es incontenida a pesar de mis apretados labios; no me quiero ir!
— tampoco quiero que te vayas—
“Te voy a extrañar” le dije aunque no sabía si eso pasaría de los próximos 10 minutos y esperaba que mi añoranza de caer otra noche entre sus manos no superara ese tiempo porque mi cuerpo aún está ahí.
Podía experimentar nuestro momento sin protegerme. No habían barreras a demás de las obvias.
Para quien lo lea, espero se disfrute
Sobre la barra, un bartender preparaba un old fashioned y un Manhattan; algo en esa elección ya anticipaba donde terminaría.
El suyo es un cóctel denso, contenido y sin distracciones. Un trago que no seduce, afirma. Una energía estructurada, casi silenciosa. Como si supiera exactamente hacia donde ir antes de moverse.
El mío, suave y oscuro, dispuesto a envolver. Un trago que no impone. Expande y se emociona, no débil.
Nunca débil.
Más que una conversación, una tensión.
Porque el sexo —lo entendí después—
No comienza en la piel.
Tampoco en las manos o en la boca.
Es lo que se instala entre los cuerpos antes de lo permitido. Y Old fashioned no avanzaba, se imponía sustancialmente sin moverse. Y en ese invisible gesto, por fin, podía entrar.
Como un clásico, él me lleva de regreso en su auto después de ese paseo al día siguiente. El pretensor del cinturón apretó mis pechos antes de empezar la marcha e imaginé que era él. Y mi cuerpo replicaba sin pausas el recuerdo de la presión que hicieron esas manos, el estímulo de su miembro entre mis glúteos Y la libación de su boca sobre mi garganta. Sus manos sostenían, no solo tocaban.
Como una metáfora del cinturón, Old fashioned es seguro en esencia y sostiene.
En la esquina, justo cuando vamos a doblar da el rojo y mi verborrea es incontenida a pesar de mis apretados labios; no me quiero ir!
— tampoco quiero que te vayas—
“Te voy a extrañar” le dije aunque no sabía si eso pasaría de los próximos 10 minutos y esperaba que mi añoranza de caer otra noche entre sus manos no superara ese tiempo porque mi cuerpo aún está ahí.
Podía experimentar nuestro momento sin protegerme. No habían barreras a demás de las obvias.
Para quien lo lea, espero se disfrute